LO QUE HAY QUE TRAGAR

Libros de Gustavo Duch

`Mucha gente pequeña´ que ya está cambiando el mundo

Gustavo Duch, autor de `Mucha gente pequeña´. Foto: Eva Latorre
Gustavo Duch, autor de `Mucha gente pequeña´. Foto: Eva Latorre

`Mucha gente pequeña´ que ya está cambiando el mundo

Este viernes Gustavo Duch presentará en la librería Sandoval un libro de relatos titulado con el nombre de `Mucha gente pequeña´, en el que este autor rinde homenaje a la capacidad transformadora de la gente que forma parte de los movimientos sociales
Laura Fraile
Valladolid
:: Jueves, 26 de Septiembre de 2013 ::

Gustavo Duch acudirá este viernes a Valladolid para presentar su último libro de relatos, una obra en la que este autor barcelonés focaliza su atención en poner en valor el esfuerzo de todas esas personas que, en su día a día, ponen todo su empeño en hacer de este mundo un lugar mejor. “Este libro habla de toda esa gente pequeña, silenciosa e invisible que está provocando que el mundo gire sin que tengamos constancia, y todo esto frente al poder de las corporaciones y de una democracia que es cada vez más ficticia”, comienza explicando este escritor.

El libro, integrado por algo más de medio centenar de relatos, se centra especialmente en dos temas. Así lo explica el propio Gustavo: “Uno de ellos, al que se hace referencia en el título, es la historia de toda esa gente pequeña que no suele estar protagonizando las grandes decisiones de la gobernanza de los países, pero que cuenta con la capacidad para trabajar en las bases, en los movimientos sociales y en las luchas. El otro tema, aunque no está recogido en todas las historias, refleja mayoritariamente cuestiones como el mundo rural, la agricultura o la soberanía alimentaria. Estamos en una situación de cambio de época en la que tenemos que ruralizar el planeta, donde tenemos que volver a dar importancia al sector primario y en la que el ser humano debe recuperar la cercanía con la tierra física y espiritualmente”.

El nacimiento de este libro de relatos se fue produciendo poco a poco, a partir de la vivencia personal de experiencias que fueron calando en este escritor catalán. “Mi trabajo como coordinador de la revista Soberanía Alimentaria me ha dado el privilegio de estar arriba y abajo dando vueltas. En esos viajes me gusta recoger la experiencia de toda esa gente pequeña que está haciendo cosas desde la agricultura ecológica, las monedas locales, la recuperación del cooperativismo… Hay mil y una facetas para transformar el mundo. Con este libro me propuse recoger esas experiencias a modo de relatos, sirviendo como una reflexión de lo que había visto“, continúa Gustavo, que también ha escrito obras como `Sin lavarse las manos´, `Alimentos bajo sospecha´ o `Lo que hay que tragar´.

El libro `Mucha gente pequeña´, editado por Pol•len Edicions, se publicó aprovechando la celebración de la pasada verbena de San Juan. Unos días más tarde, su autor lo presentaría en el Forat de la Vergonya, un lugar emblemático de Barcelona en el que éste contó con la compañía de diferentes activistas. Esta colección de relatos cuenta también con lacolaboración de la ilustradora Sara Plaza. Según cuenta su autor, esta unión se produjo gracias a que un día esta ilustradora madrileña tuvo el detalle de regalarle un dibujo que él recibió en su correo electrónico. Así narra Gustavo esta fusión entre relato e ilustración: “En mi blog tengo escrito un proverbio que transformé y que dice Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivará pequeños huertos que alimentarán al mundo. Esta frase sirvió de inspiración a Sara e hizo que un día me enviara al mail un regalo, que era la ilustración de un relato llamado Mucha gente pequeña, que está inspirado en ese proverbio. Yo lo guardé. Una vez que tuve el libro hecho, le pedí poder usarla y completarla con alguna más. La mayoría de las ilustraciones del libro están basadas en ese relato y en otro llamado La guerra esperada”, continúa Gustavo.

Esta colección de relatos cuenta también con un obsequio de Eduardo Galeano, ya que este escritor uruguayo le dedicó en su día estas palabras: “Desde hace mucho tiempo, leo y disfruto todo lo que Gustavo publica. Tiene el encanto de los libros escritos para niños, pero con una diferencia fundamental: sus palabras no ayudan a dormir, pero sí que ayudan a despertar”. Tal y como apunta Gustavo, la conexión entre ambos autores se ha producido ya en anteriores ocasiones, destacando una edición especial de uno de los capítulos de su libro `Las venas abiertas de América Latina´, titulado `El rey azúcar´, en el que éstos denunciaban el papel del colonialismo español e inglés en el continente americano en relación a la pérdida de la agricultura tradicional de la población autóctona.

La presentación de este viernes, prevista para las 19 horas de la tarde en la librería Sandoval (Plazuela del Salvador), contará también con la presencia de Jerónimo Aguado, que presentará su libro `El mundo rural se escribe. Aún es tiempo de esperanza´,escrito en compañía de Esteban Vega. El acto, que será conducido por Belén Verdugo, contará también con la narración oral musicalizada de los relatos de Gustavo Duch, interpretación que correrá a cargo de Pilar Cea y Maguil. Asimismo, habrá ocasión de conocer el proyecto de Cultopíasuna página web promovida por Entrepueblos en la que se recogen experiencias de transformación social que actualmente están teniendo lugar en todo el mundo.

Al día siguiente, Gustavo participará en unas jornadas que se celebrarán a lo largo de todo el fin de semana en Piñel de Abajo. En esta ocasión, su intervención adquirirá un formato de coloquio en el que este escritor pretende hacer reflexionar sobre cuestiones muy vinculadas con su último libro: “En este encuentro va a haber chispas de gente que está recuperando huertos y granjas sin uso, que está intercambiando semillas o que está dando valor a especies autóctonas. Mi intervención va a ir en favor de la pequeña agricultura y de la vida en los pueblos, de la vida en pequeña escala y en comunidad. Tenemos que tomar decisiones de una forma más directa, sin depender de lo que diga la señora Merkel. Tenemos que recuperar la soberanía ciudadana y adquirir otro modelo de vida”.

Actualmente Gustavo compagina su faceta como escritor con su colaboración en la edición de la revista `Soberanía Alimentaria, biodiversidad y culturas´un proyecto que él mismo describe con estas palabras: “Es un esfuerzo colectivo por plasmar en papel reflexiones importantes que afectan a la agricultura, la ganadería o la vida en los pueblos. Ahora empezaremos nuestro cuarto año. Es un proyecto que permite la expresión propia del mundo campesino, que aboga por la defensa de la soberanía alimentaria así como de la agricultura ecológica y en pequeña escala. Habla de temas como la Ley Montoro, que quiere acabar con las Juntas Vecinales, la invasión de los nuevos regadíos, el acaparamiento de tierras, la construcción de alternativas a través de las redes de soberanía alimentaria, la nueva economía, la construcción de un nuevo mundo desde el feminismo… En estos momentos estamos preparando un nuevo número sobre modelos de cooperativismo que saldrá publicado en enero”, añade Gustavo.

A todo esto hay que añadir una nueva línea de trabajo, enfocada al apoyo de toda la gente que está decidiendo volver a vivir en el campo para construir otro modo de vida. Dentro de esta colaboración, Gustavo apunta algunas medidas que ya están poniendo en marcha, como es la del favorecimiento de los bancos de tierras (lo que está permitiendo cultivar tierras cedidas por gente que no puede cultivarlas), formaciones de apoyo o realización de encuentros para resolver dudas y desde donde generar nuevas redes, a lo que hay que añadir la sistematización de todos estos aprendizajes, de tal forma que estas experiencias puedan transferirse a otros lugares.

MUCHA GENTE PEQUEÑA, ‘relatos que parecen pedradas’

Mucha gente pequeña – NUEVO LIBRO DE GUSTAVO DUCH.

RESEÑA EN LA FERTILIDAD DE LA TIERRA

Mucha_gente_pequeña_-_WEBDijo el poeta que la poesía debe ser una pedrada a la sien para no quedar en palabras muertas, y Gustavo –que tiene buena puntería y cada vez más experiencia en soberanía alimentaria–, ha preparado una batería de chinas bien dispuestas. Cada pequeño relato, más de sesenta, es como las bolitas de nendo-dango de Fukuoka, bolas de arcilla envolviendo semillas. Harán impacto y nos despertarán la sonrisa, luego la curiosidad y seguidamente las ganas de ponernos en acción. Son como pedradas pero de color, de ironía, de humor, de compromiso y justicia social, que te despiertan de la inercia y te ponen en la grata y solidaria tarea de hacer realidad la agroecología –por ejemplo–, definida en uno de los relatos como “la agricultura que se hace con la sabiduría de las ancianas”, porque también tiene la magia de empezar por hacer más justo el lenguaje. De ahí la suerte de contar con autores como Gustavo Duch, que saben qué y cómo decir después de que sus ojos y sus manos hayan recorrido un mundo biodiverso, real, que se sustenta en saber escuchar, en personas auténticas, en la cultura y dignidad que alimentan el alma como los buenos alimentos nutren al cuerpo y la imaginación. Con él nos une también el convencimiento de que la agricultura es la base para cambiar el mundo. Y qué diferencia, entre el gris negro que nos invade y el colorido y biodiverso mundo que destapa en cada microrelato, como una buena semilla.

 

Sin pueblos no podemos ser Pueblo

Sin pueblos no podemos ser Pueblo. Entrevista a GUSTAVO DUCH

  • Lo esencial es reproducir la vida, no reproducir billetes en los bancos centrales.
  • Devolver al campo la pieza esencial para mantenerlo vivo y hermoso, una especie que casi se ha extinguido: las y los pequeños campesinos.
  • El fracking es un ataque frontal al sector agrícola catalán.
  • Si la vida empieza en las células, construyamos células para que empiece la vida.
  • Les llaman países productores, cuando deberían de ser llamados países saqueados.
  • No esperemos nada a favor del campo y de un mundo rural vivo del Partido Popular.

ENTREVISTA PARA LA FIRA DE LA TERRA.

¿Se producen alimentos en Catalunya para alimentar a toda la población? ¿Es una cifra cada vez más baja? Las sociedades que se han dejado engañar por los espejitos de la industrialización, todas, han perdido su soberanía alimentaria, llegando a extremos que nos hacen vulnerables como pueblo. Y sin pueblos no podemos ser Pueblo. Catalunya dejó arrinconada a la pequeña payesía abriendo las puertas de par en par a la agroindustria –niña bonita de todos los gobiernos y gran receptora de ayudas públicas y políticas a su favor-, y con menos del 3% de población activa en el campo es del todo imposible garantizar alimentos suficientes, más si una parte significativa de esta escasa población no es más que una pieza en una cadena alimentaria que ‘fabrica’ materia prima para una industria que igual hace pizzas para vender en Sevilla, que recibe lechones de Alemania y los engorda para venderlos en Inglaterra o que empaca alfalfa para las granjas de los Emiratos Árabes.

Los cálculos objetivos nos dicen que el 60% de lo que se sirve en las mesas es importado aunque mi sensación es que nos quedamos cortos. Por ejemplo, ¿contabilizamos y sabemos que la alimentación de toda la ganadería industrial catalana (española también) se engorda con soja transgénica que llega de América Latina? Si el suministro de estos países sojeros se cortara por cualquier razón la situación de nuestras granjas sería ciertamente espeluznante.

La vulnerabilidad alimentaria está llevando a que algunos países como Japón o los Emiratos Árabes se apropien de tierras ajenas en África y América Latina, para asegurar la alimentación de su población. Pero hemos de entender esta vulnerabilidad como uno de los motivos –hay otros- que nos obligan a pensar en la urgente necesidad de devolver al campo la pieza esencial para mantenerlo vivo y hermoso. Una especie que casi se ha extinguido: las y los pequeños campesinos, que en fincas biodiversas, con la combinación de cultivos y crianzas, se dedican al cultivo de alimentos sanos para la población local, activando de abajo arriba una economía real.

Una visión estadista nos diría que en estos momentos cruciales se requieren medidas políticas valientes para (a) reconvertir nuestra pesada agricultura industrial en agricultura campesina a pequeña escala, (b) darle al sector primario el papel protagonista que le corresponde en cualquier economía sostenible y (c) facilitar un éxodo inverso: de las ciudades tan asfixiadas a los pueblos que décadas atrás quedaron casi muertos. De cada pueblo hemos de ser capaces de construir células vivas y completas, no solo territorios de ocio.Si la vida empieza en las células, construyamos células para que empiece la vida.

¿Qué futuro ves para el campesinado catalán? Excelente, como hemos comentado el papel del campesinado será clave en la reinvención de nuestra sociedad capitalista que, empeñada en un crecimiento perpetuo, se da de bruces contra los límites naturales del Planeta. Es imprescindible recuperar los ritmos que marca la naturaleza, gestionar los recursos con exquisitez y generosidad, relocalizar la economía y que ésta esté al servicio de nuestras necesidades, funcionar desde la convivencialidad y no la competitividad…y todo esto es parte de la cultura campesina, que sabe (y lo ha demostrado miles de años) que lo esencial es reproducir la vida, no reproducir billetes en los bancos centrales.

Así pues, el campesinado que quiera puede sembrar en su presente los futuros de transformación social que requerimos. Son esas mujeres y hombres que al margen de las cadenas alimentarias actuales hacen que su actividad económica (agricultura ecológica, a pequeña escala, trabajando con semillas locales, con razas autóctonas y buscando la relación cercana con las y los consumidores) se convierta en una economía social y solidaria, dos parámetros a reivindicar.

¿Crees que se avanza hacia una polarización entre países productores y países consumidores de alimentos? Para que el capitalismo consiga su crecimiento requiere ser regado con créditos permanentemente. Ganar más pasa por endeudarse. La polarización la entiendo como países que crecen derivando sus sobreendeudamientos a terceros países. Para conseguir más rendimientos esclavizan a mujeres, niños, otras razas… para conseguir pagar sus deudas  hipotecan  a las generaciones futuras… para disponer de recursos que pueda pagar sus deudas empeñan a la Naturaleza… y para hacer de la alimentación un negocio que permita esta espiral trágica buscan tierras más allá de las propias y les llaman –eufemismo- países productores, cuando deberían de ser llamados países saqueados.

Slow Food coordinó una manifestación en Bruselas para una PAC más justa; ¿cuáles son las principales reivindicaciones que pueden hacerse a la PAC? La Unión Europea en la construcción de su Política Agraria Común decidió apostar por una forma de agricultura, la industrial y sin mano de obra, lo cual significó acabar con millones de agricultores y agricultoras. Un genocidio que en su lenguaje llamaron ‘reconversión’. Es esa la razón por la que se dotó a la PAC de un sistema de subvenciones que no son otra cosa que indemnizaciones para suavizar tal operación.

Como resultado de la actual PAC en el medio rural europeo han desaparecido el 50% de especies vegetales, el 33% de los insectos y el 80% de las aves ligadas a los medios agrarios. Y según muchos cálculos, cada minuto desaparece un campesino o una campesina de nuestras tierras, la especie rural más emblemática en grave problema de extinción.

Y hoy necesitamos, como reivindica La Vía Campesina, unas políticas agrarias radicalmente diferentes, que tomen a las pequeñas y pequeños agricultores como los proveedores de la alimentación europea y motores esenciales de la dinamización de los territorios rurales. Pero como sabemos que esta Europa neoliberal al servicio de los bancos no va a hacer ningún paso, el camino ya lo están emprendiendo las gentes del campo con la puesta en práctica de la Soberanía Alimentaria. El mercado campesino que estos días tendremos en la Fira de la Terra es precisamente una visualización de esto: construcción por parte de la sociedad civil de espacios alternativos al comercio globalizado de alimentos de las grandes superficies.

Esperemos que iniciativas similares puedan convertirse en rutinas, y que cada barrio de Barcelona, que cada pueblo tenga una vez por semana su mercado campesino, con productos artesanales, locales y bien sabrosos.

¿Crees que la manifestación mencionada ha incentivado alguna voluntad política de corregir la situación? ¿Cómo ves las posturas políticas en el caso de Catalunya y España? El ministro Cañete es coherente en sus declaraciones y en sus políticas: aplaude la competitividad y la ley del más fuerte; apoya a la agroindustria y su modelo maltratador de campos y seres vivos; apoya los transgénicos y el suicidio que representan…No esperemos nada a favor del campo y un mundo rural vivo del Partido Popular.

En Catalunya hay dualidad en los mensajes y mientras se apoya fuertemente a la agroindustria también encontramos algunas acciones del Gobierno que, efectivamente, tienen el propósito de apoyar a las y los agricultores que ejercen como tales, por ejemplo, favoreciendo la venta directa. Pero quiero añadir que es complicada, sino imposible, la convivencia de estas dos agriculturas: hay que optar. De la misma manera, el apoyo a un modelo de agricultura campesina y soberana no corresponde solo a quienes hacen políticas agrarias, por ejemplo, ¿no es un ataque frontal al sector agrícola catalán la permisividad de la Generalitat a favor del fracking? ¿Queremos perforar nuestras tierras campesinas y contaminar nuestros acuíferos para buscar las últimas gotas de petróleo?

Empiezan a extenderse los huertos urbanos. ¿Son una solución? ¿Qué otras propondrías? Los huertos urbanos, la okupación de parcelas abandonadas, los huertos escolares o los huertos en las terrazas y balcones en muchas ciudades son, fundamentalmente, la muestra de la necesidad visceral del ser humano de estar en contacto con la tierra, y también de la recuperación o empoderamiento de ‘cultivarse’ sus propios alimentos. Son sin más, fantásticas iniciativas que buscan oxígeno entre el humo de las ciudades colapsadas.

Es obvio que no son las medidas requeridas para asegurar una alimentación suficiente para el Planeta, y si bien hay que multiplicarlas, la verdadera respuesta a la alimentación del planeta pasa por cultivar y multiplicar muchos -y muchos más- campesinos y campesinas. Hay que re-ruralizar el Planeta.

¿Qué cuestiones básicas habrían de tener en cuenta la ciudadanía a la hora de afrontar sus compras alimentarias? Tres ideas. Una, en cuanto al lugar, hemos de buscar espacios de buena convivencia y alta confianza, como el mercado del barrio, la cooperativa de consumo o la compra directa al payés, donde comprar la comida sea un acto agradable y no una cola enorme frente a un cajero deshumanizado de una gran superficie que paga a sus proveedores precios por debajo, muchas veces, del coste de producción.

En cuanto al menú, comprar productos de temporada, ecológicos, sanos, vivos, cercanos y justos; es decir, sin regusto a explotación infantil o sabor a petróleo. También es importante reducir el consumo de proteína animal barata (muy cara energéticamente hablando para el Planeta) y cuando compremos carne o huevos que sean producidos por buena gente local.

Y tercero, una sana austeridad, pues como cantaba Facundo Cabral hay que tener menos para tenerse más. Y también se aplica en la alimentación. Es un buen consejo para nuestras compras alimentarias que deben de ser fuente de felicidad no de obesidad.

 ¿Dónde puede obtener la ciudadanía un buen asesoramiento en cuestiones relacionadas con la Soberanía Alimentaria? Somos muchas y diversas las organizaciones que nos hemos encontrado bajo el paraguas de la Soberanía Alimentaria. Las hay del propio sector campesino que apuestan por un cambio en el modelo de agricultura, las hay que agrupan a consumidoras y consumidores que quieren recuperar el derecho a decidir qué quieren comer, están las organizaciones ecologistas que saben que la Soberanía Alimentaria es una propuesta válida para asegurar el mejor bienestar ambiental y por último también se pueden encontrar instrumentos de información o reflexión a modo de revistas o páginas web. En Catalunya disponemos de la revista OPCIONS, para un consumo crítico y de la Revista Soberanía Alimentaria para romper el monocultivo de la mente.

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CANVIAR EL MÓN

Gustavo Duch: “Els aliments de Km 0 fan canviar el món”

T.G. 

 

Gustavo Duch: "Els aliments de Km 0 fan canviar  el món"Gustavo Duch FRANCESC MELCION

Un aliment de km 0 i un altre de quilomètric no es diferencien només pel gust o pel preu. Tenen diferències essencials, perquè un que ha recorregut tot el món abans d’arribar a taula ha contribuït al canvi climàtic, ha enfortit les empreses multinacionals i ha mantingut la injustícia social al país productor.

Per què hem d’apostar pels productes km 0?

Per ajudar a canviar el món, ple d’injustícies globals. Els aliments km 0 fan recuperar economies locals, contribueixen a la sobirania del consum i al fet que el client tingui dret a decidir. A més, obren camí a nous reptes, com ara tenir més vida rural, recuperar pobles que acabin generant la seva agricultura i alimentació.

Com hem pogut arribar a l’extrem contrari?

L’agricultura reflecteix el model de societat capitalista en què l’únic interès són els diners. L’agricultura ja no està orientada a fer-nos proveir d’aliments sans, sinó a incrementar els comptes corrents de les empreses. Darrere dels aliments importats de l’altra punta del món hi ha un interès econòmic. Només així s’entén que les millors terres del planeta estiguin dedicades a conrear agrocombustibles (cereals per fer benzina). I, per reblar el clau, l’alimentació té concentració de poder.

Quina és aquesta concentració?

Quan entres a un supermercat, penses que tens una gran varietat de marques i productes. Fals! El 80% pertanyen a 10 empreses. Hi ha moltes marques però només compres a 10 grans multinacionals. Un supermercat és el reflex d’una societat capitalista que ha aconseguit que les grans empreses ho controlin tot. Per tant, el client no té dret a decidir.

D’on arriba gran part del menjar?

El 60% dels aliments que mengem estan conreats fora de Catalunya i Espanya, de manera que, abans de tenir-los a taula han recorregut 5.000 quilòmetres. I no ho han fet només els aliments exòtics (el cafè o les fruites tropicals), no. Ho està fent la soja transgènica que es converteix en el pinso dels nostres animals, que finalment es converteix en alimentació nostra. També passa amb els cigrons (vénen de Mèxic), cosa inversemblant perquè Catalunya té una tradició ancestral d’escudella. Com que hem destruït el territori agrícola, n’anem a buscar a fora. Així doncs, cada català menja a l’any mitja tona de menjar que ve de fora i que, per tant, fa una despesa en combustible enorme.

Quins altres inconvenients tenen els aliments quilomètrics?

Doncs tres efectes molt greus. Primer, qui els ha produït són països pobres, maltractats per les multinacionals. Ho han fet mà d’obra esclavitzada, amb salaris de misèria. És a dir, l’efecte de la injustícia social, perquè adquirim aliments amb misèria generada. Segon, fins que arriben a la nostra taula, els aliments han passat per cambres i cambres de refrigeració i han estat fortament manipulats perquè es mantinguin en bon estat. Tercer, la quantitat d’emissions de CO que generen els aliments quilomètrics és enorme. De fet, el 50% de les emissions de CO tenen a veure amb el sistema agroalimentari.

¿Un aliment km 0 contribueix a millorar el canvi climàtic?

Sí, exacte. A més, recuperar la nostra agricultura és pensar en el futur, perquè ja hem arribat al pic màxim del petroli. No podem continuar depenent-ne, com amb l’agricultura que viatja, que en necessita de manera extraordinària, o l’agricultura convencional, que necessita fertilitzants, que són petroli. Avui la modernitat, com a concepte de futur, és mirar la natura, conrear-la i respectar-la. El que voldrà un pagès nostre no serà guanyar més diners, sinó que el dia de demà els fills puguin continuar treballant la mateixa terra. No la maltractarà, no l’oprimirà, perquè està defensant el dret de la reproducció de la vida. En canvi, una empresa només es preocupa per la reproducció dels diners.

diálogo con GUSTAVO ESTEVA

El diálogo de dos Gustavos muy comunes

Sursiendo hilos sueltos

En tiempos de remezclas y sociedad-red nos hemos dado a la tarea de juntar a dos autores a través de sus textos. Un pequeño homenaje a dos personas que seguimos y admiramos.
En este diálogo ficticio (pero probable), el mexicano Gustavo Esteva y el catalán Gustavo Duchnos hablan sobre el sistema capitalista, comunitarismos, decrecimiento, buen vivir, bienes comunes, movimientos sociales, otros mundos posibles y más.

Duch: La jornada se inicia con el sobresalto de una alarma. No se mira el cielo
sino la agenda y la televisión. Las gallinas ponen huevos sin cesar y los niños y niñas
se acuestan de madrugada al agotarse la batería del ordenador. El petróleo cría los vegetales
bajo plásticos que les previene de la inSolación. Sus producciones dan de comer primero
a los coches y aviones; después a las personas. No hay animales Soleándose en el campo,
sólo friéndose en naves industriales.

Esteva: Me gustaría hablar de la comida, por ejemplo. Tiene razón Galeano.
En estos tiempos de miedo global, quien no tiene miedo al hambre tiene miedo de comer.
Tras las cosechas más altas de la historia nos acosa de nuevo el hambre.
Las mismas corporaciones que la causan y destruyen el ambiente llenan de chatarra
o veneno los platos de quienes pueden colmarlos… con pleno apoyo gubernamental.
Y quiero escribir del movimiento invisible de millones de personas que resisten esas
agresiones y empiezan a transformar el mundo alimentario.

Duch: El capitalismo busca la acumulación incesante de capitales y para ello privatiza
todos los bienes a su alcance. En esta agricultura, las tierras, un bien de todas y todos,
siempre tiene amos, señores y señoritos. Igual pasa con las semillas, convencionales
o transgénicas, que se engendran con un código de barras; e incluso con el agua de riego
que se compra, se vende, en definitiva: se acapara.

 

La política del no

Esteva: No es una democracia, como se pretende, ni siquiera en la forma limitada de
república representativa. Es un dispositivo de dominio al servicio del 1 por ciento (…)
Considerar democrático el despotismo actual significa reconocer que esta forma tiránica
de gobernar da cabida a una vigencia parcial de la ley y a cierto juego de las fuerzas sociales.
Pero hasta eso termina ya. Se debilita la capacidad de procesar políticamente los conflictos.
El estado de excepción que se declara paulatinamente en todas partes abarca categorías
cada vez más amplias de personas, que quedan legalmente al margen de la ley.

Duch: Con tanta operación salvavidas se hundirá toda Europa, los Estados Unidos
y Japón, y sin su capacidad económica el nuevo capitalismo prometido funcionará
con los fondos frescos que llegarán de la China, Rusia o de otras potencias emergentes
dispuestas a dirigir la orquesta. Preguntémonos: si el capitalismo que hasta ahora ha
funcionado bajo modelos llamados democráticos nos ha llevado a las hambres más numerosas,
a las pobrezas más paupérrimas, a las contaminaciones más antiecológicas
y a las inequidades más salvajes ¿a dónde nos llevará un este nuevo capitalismo
con antecedentes autoritaristas? Más de lo mismo pero peor.

Esteva: En la tradición formulada por Hegel, la sociedad económica de los individuos
socializados como propietarios privados impone su racionalidad mercantil sobre
la racionalidad comunitaria de la sociedad natural. Y con ella se establece
también la premisa política que Hegel formuló en 1820: esos individuos no pueden
gobernarse a sí mismos; alguien tiene que gobernarlos. Esta premisa ha gobernado la teoría
y la práctica política de los últimos 200 años. Se discute cómo determinar quién
ha de gobernar a la gente y cómo debe hacerlo, en forma democrática o autoritaria,
mediante elecciones o por medio de un golpe de mano o una revolución, pero se comparte
el principio asumido acríticamente que hoy forma prejuicio general:
la gente no puede gobernarse a sí misma.

 

Y entonces qué?

Duch: Después del cénit, con menos petróleo y más caro, podríamos optar por reducir
nuestros viajes low cost, pero seguro que querremos seguir alimentándonos. Para ello,
o bien aguardamos paciente e inconscientemente un milagro tecnológico, o exigimos que
se adopten ya medidas de reconversión de nuestra alimentación en torno a la autosuficiencia
de las fincas agroganaderas (modernizadas con tecnologías apoyadas en saberes y
experiencias tradicionales y agroecológicos) fuertemente relacionadas con las comunidades
más cercanas para favorecer el consumo de proximidad.

Esteva: Necesitamos iniciativas creativas, pacíficas y organizadas,
que debemos discutir abiertamente, con serenidad y buen juicio.

Duch: Bienvenidos pues los movimientos que, como el 15M, la Marcha Mundial de Mujeres
o La Vía Campesina, se aglutinan bajo el paraguas de un cuestionamiento global,
valiente y radical del modelo capitalista y de los sistemas de valores
que lo consienten. Con la recuperación de los valores humanos por encima
de los intereses económicos, nacen sus propuestas como el decrecimiento,
la democracia real, el buen vivir o la soberanía alimentaria.
Son ellas, por el momento, las estrategias que deberíamos conseguir
se expandan antes de que esta -quizás exagerada-
teoría del caos cumpla los peores pronósticos.

Esteva: No será fácil consolidar autonomía y enfrentar creativamente la deserción del Estado
de las funciones que le corresponden. Habrá que remover muchos obstáculos del camino.
Y luchar. Luchar continuamente contra los atropellos continuos del régimen dominante,
creando en el camino, a medida que se pueda, los mecanismos organizativos que sean expresión
del nuevo orden social que se irá creando.

Duch: Nos decían que eran las generaciones del yo, yo y sólo yo. Que las pantallas táctiles,
los facebook y los tuiters los deshumaniza. Pero resulta que les conecta
-a la velocidad del mundo de hoy- uno, con otro, con otro, hasta el infinito.

Esteva: Algunos quisieran tener un plan general, el trazo de la nueva sociedad.
Pero la mayoría sabe que el cambio profundo y su resultado serán creación de
todas y todos y resultado de múltiples factores imprevisibles.
No necesitan un plan acabado para ponerse en marcha.

Duch: Se organizan en espontáneas asambleas donde todas y todos pueden hablar,
opinar y proponer. Se entienden sin chillar y sin faltar al respeto.
Parlamentos populares donde reina el orden sin guardaespaldas. Se ceden
la palabra amablemente y con gestos sordos aplauden o desaprueban.

Esteva: Aumenta el número de quienes consideran que lo más importante es ver de nuevo
hacia abajo y ahí organizarse con quienes se pueda –amigos, vecinos, compañeros–
para preparar con ellos lo que sigue.

 

Otro Desarrollo

Duch: A mi entender en estos momentos en dos continentes diferentes
se están desplegando dos teorías, dos nuevos diseños de sociedad,
ciertamente muy similares. Me refiero al “decrecimiento” que surge
inicialmente desde propuestas europeas y al “buen vivir
originario de comunidades indígenas en los países andinos.
Ambas se encuentran en una fase de desarrollo adolescente y
adoptan características propias de esa edad. Por un lado el rechazo
a un orden establecido, una negación, un liberarse de las antiguas ideas
para poder concebir de nuevas: ambas teorías propugnan abandonar y
arrinconar el modelo de crecimiento económico continuo que se demuestra imposible,
insostenible y en el origen de las injusticias. Y por otro lado en ese
hacerse mayores –como explica el filósofo Maurice Bellet-
se abandonan los deseos impulsivos del “todo lo que deseamos,
lo tendremos” para dejar de lado la trampa capitalista
que nos mantiene prisioneros.

Esteva: En ese proceso, los movimientos sociales se afirman cada vez más en la política
de un NO y muchos SÍes. Esta política encuentra un factor de unificación y articulación
en un rechazo común a una acción u omisión, a una política, a un funcionario o a un régimen,
pero admite al mismo tiempo la pluralidad de motivos, afirmaciones, proyectos, ideales e ideologías
que define la condición real del mundo y la intencionalidad de una nueva era:
la de un mundo en que quepan muchos mundos, como dicen los zapatistas.

Duch: Hablando de “decrecimiento” paradójicamente, como pueden observar,
estamos hablando de un crecimiento como individuos y como sociedad.
En la medida que seamos capaces de sustituir los valores dominantes
del cada vez más, cada vez más rápido, etc. tendremos tiempo y espacio
para rescatar valores humanistas de igualdad, armonía con la naturaleza
o simplicidad, que forjarán un “buen vivir” colectivo.

Esteva: En ese proceso seguimos: en la activa creación de ese espacio político,
cada vez más amplio y consolidado en la base social, mientras arriba sigue la bulla vacía…
que opera como cortina de humo para disimular la agresión constante a los empeños populares,
particularmente aquellos que se manifiestan como ejercicios autonómicos.

 

Moralejas comunales

Duch: Pero entre todas las propuestas destacó la de una chica …
tomó unas cuantas semillas de un cultivo cercano, y lanzó el reto:
«conducirán el país quienes sembrando las simientes en estos hoyos
consigan las mejores cosechas». Y con la aprobación de todo el pueblo
se inició la competición: los participantes tomaban semillas
de un pocillo y las depositan escalonadamente en los otros,
y de tanto en tanto recogían algunas de ellas.

Esteva: Si la gente tiene los cuerpos políticos adecuados puede gobernarse a sí misma.
No necesita dar el “poder” a una persona o una elite, para que gobierne a todos.
Las relaciones sociales se construyen de otro modo. El “poder” no es relación de
dominación sino expresión de solidaridad y comunalidad. Es la relación que se concierta
entre hombres y mujeres dignos al buscar el bien común –que eso, no la búsqueda del “poder”
allá arriba, es lo que define su actividad política.

Duch: No ganaron ni las personas más fuertes, ni las más valientes,
ni tan siquiera las más astutas. Las mejores cosechas las obtuvieron
campesinas y campesinos solidarios en su pensar y respetuosos en su hacer.
Porque saben que para alcanzar una buena cosecha no es bueno eliminar
a tu adversario. Si así lo hicieras se arruinaría la tierra donde él o ella
–y donde tú- puedes cosechar. Tampoco conviene dejar a tu contrincante
sin semillas que sembrar pues de su cosecha depende
que puedas intercambiar semillas, y pasar hambre o no.

Esteva: Puesto que el sistema democrático no es ya capaz de responder a la emergencia
y conducir la transformación; puesto que los asuntos que nos agobian no pueden ya esperar;
puesto que se ha desvanecido la ilusión de que los aparatos del Estado pueden ponerse
al servicio de la emancipación, es hora de la acción directa organizada, la acción de
hombres y mujeres ordinarios que se afirman en su dignidad para crear la nueva sociedad
en el vientre de la que muere.

Duch: (Los topos) Viven en el submundo y en el subsuelo, enterrados, casi que
marginados de los placeres más gustosos del mundo exterior: un buen baño de Sol,
una brisa refrescante, el color de un amanecer… Pero los topos
–como explica Raúl Zibechi en su magnífico artículo en La Jornada-
excavan sus galerías desde hace mucho tiempo, entre toda la familia topuna,
hasta que un día deciden dar un salto colectivo y salir a la superficie.

Esteva: Se trata de una articulación móvil e inestable, que logra “combinar la estabilidad
de la estructura con la fluidez del cambio”, como señala Zibechi. Se trata también,
claramente de una articulación horizontal de poderes no separados de sus comunidades,
que no son, por tanto, poderes estatales.

Duch: Discursos emponzoñados les critican la falta de organización, sólo porque
están inventando formas nuevas de organizarse que no alcanzan a imaginar.
Dicen que les falta un líder, un representante, porque a eso están acostumbrados,
a tratar y combatir entre líderes que sólo representan el poder y el capital.
Saben que lo colectivo es peligroso, porque nadie impone, ni nadie manda.
Voces envenenadas dicen y repiten que todo esto no avanza, que va muy despacio,
ignorantes que así se llega más lejos…

Esteva: La muy otra política que están adoptando los movimientos sociales adopta
un horizonte que va más allá del estado-nación, pero puede recuperar formas de
articulación en las que acaso quepan términos como el de estado y nación,
para describir las cuales, sin embargo, no hemos acuñado todavía las palabras adecuadas.

Duch: Agotada toda la farmacopea se guarda el último cartucho, -es una plaga
para hacerse con el control del Estado, son aspirantes del poder- se les acusa.
Y el toperio ríe. Esas especulaciones son cosquillas, porque su propósito
no va por ahí. Para nada, su ambición es mucho mayor… quieren transformar el mundo.
Y el primer paso ya está dado: sus túneles, grutas y cavernas secretas
hacen que el mundo de los de arriba se tambalee.

Cuestión de riesgos, la “catástrofe” ansiada

Esteva: Se han lanzado abiertamente a un proceso de regeneración en que buscan a otros con ellos,
igualmente dañados, igualmente esperanzados, para armar entre todos lo que ha dejado de ser utopía, porque ya tiene lugar en el mundo, pero aún no consigue un nombre.

Duch: Es pura geometría: para cambiar estos tiempos, se trata de construir nuevos espacios.
Son matemáticas exactas: en la medida que tengamos más granjas agroecológicas, mercados campesinos, cooperativas de consumo, compra directa, huertos urbanos, etc. más grietas abriremos en el muro donde nos mantienen secuestrados.

Esteva: La aspiración popular no puede contenerse en la democracia formal, aunque pase por ella:
las mayorías tienen su propia concepción de lo que significa una democracia … El proyecto aún dominante trata de incorporarla al estilo que prevalece en el mundo al final del siglo XX, para que se enfrente sin rezagos políticos a la exacerbación de sus contradicciones en la era de la “globalización”. El otro, que ve en ésta una perspectiva de marginalización para las mayorías, intenta realizar la primera revolución del siglo XXI: una revolución democrática radical, basada en los ámbitos de comunidad.

Duch: El sistema se derrumbará completamente arrastrando con él la sanidad
y la educación pública y nos indignaremos con motivo. La vida en las ciudades
será complicada. Fábricas desahuciadas, centros comerciales abandonados y los índices
del paro subirán y subirán. Sin nada que hacer, se empequeñecerán las ciudades
al marchar parte de sus gentes a los pueblos de antes. Con menos urbanidad
y más ruralidad se harán economías productivas sencillas y sostenibles,
se prestarán servicios comunitarios con las mejores vocaciones ejerciendo,
y la comunidad dará respuestas, calor y alegrías.

Esteva: Es hora de actos revolucionarios, tiempo de acometer transgresiones
que establezcan irrevocable y significativamente nuevas posibilidades.

Duch: El fin de un capitalismo insoportable nos da miedo porque no sabemos
(aún) que sin él inventaremos comunitarismos que nos harán vivir mejor.

Esteva: Resistir hoy significa ante todo que no estamos ya gobernados
por los de arriba y que abajo, organizados, empezamos ya la creación
de una nueva forma de vida y de gobierno.
Nada más, pero nada menos.

Duch: Declaramos en huelga general y permanente al hambre y al dolor;
al mal amor y al mal humor. Mantendremos en paro indefinido a las guerras.
A sus hacedores les suspenderemos de todos sus cargos, por los siglos
de los siglos, así sea. Y, huelga decir, que declaramos indefinidamente
interrumpida la búsqueda y acumulación de la riqueza materialista
responsable de todas las pobrezas. Entre camaradas, con almas cómplices,
juramos ocupar todos los segundos, minutos y horas que hoy desocupamos,
en la construcción colectiva de un estado de felicidad permanente.

 

@SurSiendo

 

entrevista en AGENDA VIVA

Gustavo Duch, que en apariencia es un hombre delicado y tenue, recoge en su discurso un mensaje profundamente revolucionario. La atenta envoltura de sus palabras, escogidas con cariño como si fueran semillas de cambio, no rebajan el poder de su discurso sino que, muy al contrario, lo hacen más elocuente y sincero. Para cualquiera de los que vivimos prendidos del sistema actual escuchar verdades tan oscuras sobre lo que somos, nos genera rechazo y descreimiento. Pero algo dentro de nosotros sabe cuándo lo que vemos y oímos es cierto. Otra cosa es que queramos asumir e incorporar a nuestras conciencias esas verdades para tratar de aportar nuestro granito de arena al cambio. O como mínimo a contagiar cordura y sentido común para arrojar luz sobre la esquizofrenia global que nos atrapa.
Licenciado en veterinaria y postgrado en dirección de empresas, él es un hombre criado y educado  dentro del sistema. Quizá por ello sea más difícil desacreditar su voz que penetra indisoluble desde  su blog y los medios de comunicación con que colabora como El Periódico de Catalunya, Público, Galicia Hoxe, El Diario Vasco, etc. En los últimos 7 años ha colaborado estrechamente con los movimientos y campañas relacionadas con la lucha por la soberanía alimentaria de los pueblos. Ha sido miembro de la junta directiva de la Plataforma Rural, colabora con las actividades de la Vía Campesina y con campañas como «No te comas el mundo» y «Som lo que Sembrem».

¿Qué le han enseñado sus casi 20 años deexperiencia al frente de Veterinarios sin Fronteras ycómo han influido en su forma de pensar?

Me han enseñado, sobre todo, a desarrollar el «sentido común», es decir, a recuperar la importancia de hacer las cosas colectivamente, en comunidad, contra el individualismo al que nos ha llevado este modelo de sociedad capitalista. En las organizaciones campesinas, en el mundo rural, y desde luego en los pueblos indígenas, los espacios comunitarios se han mantenido como elemento central de sus culturas. Al hacer del trabajo una
práctica en común, al decidir colectivamente y al compartir bienes, la solidaridad no se requiere como un
aporte extra, está presente de forma permanente e invisible. Nuestras sociedades han hecho de este «sentido común», el menos común de los sentidos.

¿Por qué otro modelo agroalimentario? ¿Qué tiene éste de malo?

La agricultura debe producir alimentos a la vez que se convierte en medio de vida para sus hacedores.
Pero el modelo industrial que tenemos es muy eficaz para generar pobrezas en el propio hábitat de la producción, en el medio rural. El dominio de estas fuerzas industriales deja al pequeño campesinado muy poco margen para ganarse la vida con sus producciones, muchas veces les expulsa de sus tierras y les arrincona en tierras marginales, o bien deben dedicar sus jornadas a latifundistas de la Agroexportación que les devuelven a cambio salarios de miseria. El 70% de la población mundial que pasa hambre son, paradójicamente, pequeños campesinos.

Cuando debería ser un modelo integrado en la naturaleza, este modelo funciona dejándola al margen y, peor aún, degradándola sin compasión. La
contabilidad ambiental nos cuenta que al menos el 50% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están asociadas a este modelo de agricultura industrializada. De una actividad artesanal
como la agricultura hemos hecho una actividad industrial, la agricultura industrializada; de la agricultura hemos hecho agr-incultura.
Los alimentos industriales que finalmente llegan a las mesas de quienes podemos pagarlos son responsables de una mala alimentación, pues llegan cargados de kilómetros, conservantes químicos y pesticidas. De infinitas culturas alimenticias
hemos hecho una, sola y globalizada, que alienta la obesidad. En definitiva, los beneficios de la agroindustria son directamente proporcionales a los gastos en sanidad.
Por último, la supuesta eficiencia que se atribuye a estos avanzadísimos sistemas de producción es otra gran mentira. Como explican algunos recientes informes, en esta cadena de tantos eslabones, alrededor del 50% de la producción se acaba
despilfarrando.
¿Qué hace bien el dichoso modelo?

Generar beneficios extraordinarios a las pocas corporaciones
dominantes en cada uno de los citados eslabones.

¿Y cómo luchar contra una fuerza como la
globalización? ¿Acaso no entraña una oportunidad para países pobres que pueden exportar y comerciar con el mundo en igualdad de condiciones?

La globalización, entre otras cosas, ha extendido las leyes de la selva por todo el planeta, ganando siempre
el más fuerte. Mientras las pequeñas economías campesinas de cualquier país pobre o rico entregan alimentos, materias primas y esfuerzo, a cambio reciben
injusticias de las grandes corporaciones, de los terratenientes o, actualmente, del capital financiero.
Si la historia con su obstinada tozudez nos repite constantemente que orientar el desarrollo de un país sobre la base de unas economías de agroexportación ha sido negativo, ¿no será momento de invertir los
términos y supeditar los intereses económicos a políticas de equidad?

¿Qué es y qué defiende la soberanía alimentaria?

En primer lugar es un concepto ideológico e incluso místico que resitúa el valor de la agricultura en su
trascendencia: la relación con la tierra y el agua, con las semillas, con la cultura y la naturaleza para produ-
cir alimentos. Más abajo, como las muñecas rusas, es toda una propuesta política completa para organizar la agricultura según dicha premisa: los bienes naturales
deben gestionarse colectivamente y la agricultura debe priorizar la producción de alimentos para la
población local por métodos agroecológicos. Es también una apelación histórica del campesinado: «…no vayas a ser esclava con todos tus olivares», dice el poema. Y la muñeca del fondo es el propio pueblo
campesino pues le corresponde el papel central en esta propuesta. Por ese motivo se habla de «soberanía
alimentaria», por la imperiosa necesidad de que el campesinado recupere en el espacio agrario EL PODER, el poder hacer, el poder decidir, el poder escoger.

¿Qué es y qué defiende la «vía campesina»?


La Vía Campesina, con mayúsculas, es el movimiento social que agrupa a todas las organizaciones y sindicatos del pequeño campesinado que han decidido hacer de la soberanía alimentaria su eje director. Y ahí
se encuentran, debaten, intercambian conjuntamente –el «sentido común» de que hablaba al principio–; reúnen fuerzas para combatir a las grandes corporacio-
nes de la alimentación y a los grupos políticos que las protegen; y, sin olvidar las experiencias campesinas
del pasado, crean e inventan nuevas fórmulas de hacer dentro del esquema de la soberanía alimentaria.

Por eso, tenemos también un camino, una vía campesina, que han trazado y practican: la pequeña agricultura
centrada en la alimentación de la población local, adaptada a las condiciones de cada territorio, asegurando así la alimentación de todo el planeta.

¿Y cómo compatibilizar la Vía Campesina y su defensa de la soberanía alimentaria con un mundo
cada vez más concentrado en ciudades, alejado del
campo en todos los sentidos, interconectado, y donde la exportación e importación suponen
elementos principales de las economías a pequeña y gran escala?

La crisis sistémica que sufre este planeta tiene que ver, entre otras cosas, con el modelo de sociedad que
hemos elegido, y ciertamente urbanizarlo todo no ha sido acertado en términos sociales ni de sostenibili-
dad. La propuesta de la soberanía alimentaria alcanza también estas dimensiones y propone ruralizar nuestra sociedad. Es decir, se trata de hacer una transición de la economía industrial y globalizada que tenemos a una economía alternativa donde prima lo local y recupera valor el sector primario. Estamos hablando de más gente viviendo en el campo y más gente viviendo del campo. Seguramente es la única propuesta para ser compatibles con el planeta que nos acoge.

Algunos pensamos que esta crisis puede ser una gran oportunidad para darle la vuelta al modelo
imperante y crear una nueva oportunidad para reinventarnos, pero, de momento, parece que la competitividad de precios es la que sale ganando y ya sabemos que frente a la capacidad de la industria alimentaria para tirar los precios notenemos nada que hacer. ¿Qué opina?

Cierto, la industria alimentaria en su posición de dominio parece que siempre tiene las de ganar, pero existe
otra realidad que no está en primer plano, que es la gran cantidad de gente que ha descubierto y abierto los ojos a las trampas del sistema y ya se organizan
para vivir de otra manera. En el plano productivo, por ejemplo, las fincas que ya establecieron relación directa con grupos de consumidores están manejando la
situación con mucha más facilidad. En nuestras reinvenciones, como usted dice, la competitividad no tendrá cabida.

Visto lo visto, ¿cree realmente posible que cambie la
voluntad política en cuanto al apoyo al modelo de la industria agroalimentaria?

No con nuestro sistema político actual y la clase que lo ejerce. Las grandes corporaciones de la industria alimentaria se han asegurado de colocar en los tronos de las instituciones políticas a personal propio. Vivimos en una plutocracia donde el poderío del sector agroalimentario está muy presente y por lo tanto es casi imposible que surjan cambios de una voluntad secuestrada o sobornada. Los cambios llegarán por las fuerzas sociales, los movimientos ciudadanos que recuperaremos «soberanamente» nuevas fórmulas de gobierno.

Esa lucha ciudadana por derribar un modelo agrario que no funciona, se está encontrando con otros movimientos como el decrecimiento, el buen vivir, la banca
ética, las monedas sociales, y un sinfín de propuestas que de la mano y colectivamente –volvemos al «sentido común»– demuestran en todo el planeta que otro mundo es posible.
¿Cree, pues, que tratar de ejercer un cambio desde dentro del sistema es inútil? Y entonces, ¿cómo decaerá el sistema actual que parece a todas luces indestructible?


Los padres y madres que vivimos con nuestros hijos, al estar tan cerca, no les vemos crecer, ¿verdad? Creo que eso nos pasa con el sistema: estando dentro no caemos en la cuenta de que ya ha iniciado su desmoronamiento y es insalvable, afortunadamente insalvable. Vale la pena dedicar algunos esfuerzos más, darle un empujoncito más, para que caiga
cuanto antes y empecemos a construir otro mundo posible, fuera del capitalismo generador de tantas injusticias. Y poner todas las energías restantes en
visibilizar y valorar el gran abanico de opciones que tenemos para hacer este nuevo mundo.


Cuéntenos algunos ejemplos de lo que ocurre y que todos deberían saber.


¿Sabemos que las tropas de la UE han atacado las costas de Somalia para continuar con nuestro saqueo privilegiado del océano Índico? ¿Sabemos que la carne que compramos en los supermercados
se engorda con soja argentina que aniquila bosques milenarios y acaba con el espacio vital de miles de pequeños campesinos? ¿Sabemos que ahora esta soja asesina e  incomestible se planta para hacercombustible? Sí, y lo denunciamos, pero quizás ahora más que nunca hemos de visibilizar y revalorizar las mil y una pequeñas iniciativas que ya han sabido salirse del modelo económico actual y que de forma visionaria trabajan bajo nuevos paradigmas: cooperativas que distribuyen alimentos ecológicos intercambiando monedas sociales en lugar de euros, agricultores que abandonan prácticas dependientes del petróleo, recuperación de mercados campesinos, etc. Además de darnos de comer, estas propuestas nos hacen perder el miedo al futuro, ahora que estamos enterrando al capitalismo


Entrevista realizada por
Odile Rodríguez de la Fuente.
entrevistas

Libros de Gustavo Duch
 Alimentos bajo sospecha, Los libros del lince, 2011.
 Lo que hay que tragar: minienciclopedia de política y alimentación, Los
libros del lince, 2010.
 Con los pies en la tierra, Icaria, 2009.
 Sin lavarse las manos. Cuentos para antes de comer, Play Attitude.

Su profesión, que es una profesión de libertad, ha sido robada.

«Es hora de ruralizar la economía, de campesinizar el planeta»

 

«La agricultura ha sido olvidada en los despachos de los que deciden y es un sector primario, fundamental»

 
Gustavo Duch, que próximamente estará en Zamora. <br />
 
 
Gustavo Duch, que próximamente estará en Zamora. 
 Foto G. D.
 
 
 
 
 
IRENE GÓMEZ Sostiene Gustavo Duch que «mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos?que alimentarán al mundo». Una reflexión que explica su defensa del pequeño campesino, del comercio local, de las modestas cooperativas, los canales cortos, de una relación estable con el consumidor que valore los productos de la tierra en su justa medida. Duch, que los días 7 y 8 de marzo estará en Zamora en sendos actos organizados por Coag y el Foro Ciudadano, es un militante de la llamada «soberanía alimentaria» que prioriza la producción agrícola local para alimentar a la población y el acceso del agricultor a la tierra, al agua, a las semillas o al crédito.

-Otro modelo agroalimentario es posible, sostiene. ¿Es una realidad o está más cerca de la utopía?

-No solo es posible sino que es urgente y necesario. Y para nada es una utopía porque la capacidad del ser humano de rectificar y cambiar está demostrado que existe. Está claro que el modelo de agricultura de los últimos 40 ó 50 años, basado en una dependencia muy fuerte del petróleo, pensando más en producir mercancías que alimentos y con un enfoque muy de industrialización, es malo para el campesinado. En España se ve muy claro cómo ha ido desapareciendo gente de los pueblos, población activa a nivel agrario. El modelo actual es malo para el medio ambiente; la agricultura es responsable de situaciones de contaminación de ecosistemas, es responsable en una medida importante del cambio climático. Y además es un sistema sospechosamente dudoso como producción de alimentos para los consumidores; sabemos todos que no comemos precisamente alimentos muy sanos. Y por último, también muy importante, hay que denunciar que este modelo es responsable de la pobreza en los países más pobres, en el sur. A medida que nosotros aumentamos esta agricultura industrial exportamos estos productos muy bajos de precio, hundiendo el tejido agrario nacional local. Y por otro lado en muchos de estos países la tierra más fértil, las aguas más productivas están produciendo para exportar, para nosotros. Con lo cual tenemos una doble realidad muy grave: les inundamos de pobreza y esquilmamos sus riquezas. 

-Esa es la realidad, pero ¿cree que ha empezado a cambiar el modelo en favor de la agricultura a pequeña escala?

-Creo que está cuajando pero nos falta un poco de perspectiva a largo plazo. En muchos lugares de todo el planeta hay cada vez más grupos que desde lo rural están apostando por ese otro modelo de agricultura basado en la pequeña escala, en la agricultura agroecológica, en canales cortos de comercio, en producir para tu propia población? Y eso, aunque de manera incipiente, es una tendencia clara cada vez más constante. La gente que está haciendo esto además está satisfecha, que es muy importante, los consumidores también. Por tanto no diría ni que es una utopía ni que no existe. 

-¿Y cómo puede subsistir David ante Goliat, ante los monstruos dominadores del mercado amparados en lo que ahora se da en llamar globalización?

-Se trata precisamente de salir de esos modelos económicos globalizados porque evidentemente si estás en esa cadena no puedes, si estás en ese círculo realmente lo tienes muy complicado. Por lo tanto, se trata en primer lugar de salirse hacia otros espacios donde ya no existen esas confluencias y tu estableces una relación estable con los consumidores, buscas otro tipo de canales como comedores escolares, empresas de alimentación sana, con gente que está volviendo a poner economatos como cooperativas para comprar y repartirse los productos. Y por otro lado, un tema clave para la soberanía alimentaria es impulsar políticas para conseguir esta situación denunciando las políticas que están favoreciendo este modelo. Por ejemplo los acuerdos de pesca o en agricultura con Marruecos, denunciando el dumping, la dependencia de los combustibles, la producción de transgénicos. Políticas para que todas esas medidas que favorecen el modelo dejen de existir y no sea un trabajo contracorriente sino con el viento a favor desde las administraciones. Resistir a la vez que combatir.

-Me dijo en una ocasión un cabrero que se ha perdido el respeto a quien produce la tierra, que desde los despachos es imposible hacer política…

-En los despachos de los políticos la agricultura ha sido olvidada. Y no podemos olvidar que estamos hablando del sector primario, por lo tanto fundamental, básico. Luego vienen los secundarios, después los terciarios, el propio nombre lo dice, no tienen tanta importancia. Y en cambio nosotros hemos construido una economía basada en sectores terciarios o en la construcción que al final se ha demostrado que es una economía insostenible, que se cae, que se tambalea. Por eso es importante que la agricultura, el sector primario en sí retome el papel fundamental que tiene. La producción de alimentos es quizá la profesión más importante para toda la sociedad. Sin agricultores, sin campesinos, sin ganaderos será difícil sobrevivir. 

-¿Podemos decir entonces que en plena era de las modernas comunicaciones, de las nuevas tecnologías es la hora de mirar hacia el pequeño agricultor, hacia el campesino que labra su tierra?

-Es la hora de ruralizar la economía y de campesinizar el planeta. La supuesta modernización que citas nos está llevando a la situación en la que estamos. Es época de revisar esa posmodernidad y hacer un mundo diferente, mejor, mirando hacia adelante; para nada esos discursos que quieren hacer ver que todos estos planteamientos son mirar a las cavernas. Se trata de mirar hacia adelante pero con una perspectiva diferente. Una perspectiva ecológica y que sabe que necesitamos de un mundo rural. 

-¿Cómo le explica eso a un agricultor que vende sus patatas a 15 céntimos en la tierra y el consumidor puede pagar hasta diez veces más?

-Su profesión, que es una profesión de libertad, ha sido robada. Le han privado de esa libertad y le están obligando a cosechar productos para la venta, para los mercados lejanos. Tiene que retomar la conciencia de volver a recuperar la libertad, su autonomía es recuperar su independencia y esa en definitiva es la propuesta de la soberanía alimentaria, hacer que los agricultores y las agricultoras puedan vivir de ese recurso. 

-La agricultura ecológica emerge aunque tibiamente, pese a la pujanza de agricultores y ganaderos muy convencidos, y en Zamora los hay. ¿Llegará a dominar el mercado?

-Vamos acabar todos otra vez con agricultura ecológica en la mesa porque es fuente fundamental. La agricultura industrial tiene los años contados, por eso creo que vale la pena tener un poco de visión a largo plazo y ser conscientes de que el planeta tiene sus limitaciones y en este caso hay una que nadie la discute. Por lo tanto cuando antes nos pongamos en el buen camino, desde luego mucho mejor. Hoy la agricultura ecológica es minoritaria pero entre todos debemos tratar de apoyarla. Si es más cara, como ocurre en alguna ocasión, normalmente es porque no está subsidiada como la agricultura industrial. Porque ésta además tiene unos costes ecológicos y sociales que no contabilizan en su precio pero que luego acabamos pagando vía impuestos para registrar muchos de los daños que hace. Hay que destapar esas mentiras y cambiar cuanto antes. 

-Hablaba de ruralizar. Zamora tiene un serio problema de despoblación con muchas tierras abandonadas. Cuando tantos jóvenes no tienen trabajo se antoja como una salida, pero los jóvenes no lo ven claro, ¿podría ser el campo un medio de futuro para esta generación casi perdida a la que le ha pillado de lleno la crisis?

-Mi opinión es que hay un goteo progresivo, una tendencia de gente que entiende que el futuro está en el medio rural y apuesta por nuevas iniciativas. Es cierto que es muy complicado, que la tierra tiene un valor muy caro en ciertas zonas por toda la especulación que se ha hecho con el tema de vivienda, polígonos industriales etc. Es cierto que además no hay ayudas o muy pocas y en muchas ocasiones hay trabas, pero que es el camino está claro y que deberían las administraciones apostar por ello también. Fíjate, yo a veces pongo el ejemplo de la cantidad de dinero que va invirtiendo una administración para mantener un polígono o una fábrica de coches que cualquier día van a deslocalizar. Todo ese dinero puesto en apoyo a gente que quisiera volver a la agricultura, facilitándoles a través de un banco de tierras el acceso a las tierras, facilitándoles créditos, apoyando los primeros años a gente que quiera hacer ese tipo de reconversión? Sería un camino mucho más fácil para estos emprendedores y desde luego para todos nosotros sería una salida mucho más sostenible. La prosperidad nada tiene que ver con el crecimiento económico. 

-La agricultura y la ganadería son asuntos marginales en el debate político. Incluso cuando se habla del tiempo, se piensa más en el turismo que en las necesidades de la tierra; piden sol cuando la sequía nos acecha. ¿Quizás se piensa poco en el campesino?

-Es verdad. Y es lamentable porque todos tenemos unas raíces campesinas muy importantes. No hace tanto que todos éramos campesinos o rurales de alguna forma. El boom urbano tiene poco recorrido y en cambio esa modernidad malentendida ha cambiado casi hasta los códigos genéticos. Pero a la vez es tan claro que cada vez hay más propuestas de cambio, más críticas a este modelo capitalista… También va surgiendo más gente que trabaja en estos entornos rurales campesinos y progresivamente vamos recuperando otro tipo de valores; los valores ecologistas están muy presentes en el medio rural. La agricultura tiene cada vez más de importancia. Como siempre, los políticos van muy por detrás de los cambios sociales. En la sociedad tenemos conocidos, nosotros mismos detectamos la necesidad de recuperar una serie de valores y entre ellos el de la localización.

-¿Es optimista, cree que el mensaje va calando?

-Sí, yo lo noto allá por donde voy y lo que hago únicamente es recoger propuestas que me llegan del medio rural. El tema de la soberanía alimentaria es una propuesta de los movimientos campesinos, son ellos que están alimentando estos discursos y por proximidad recojo las informaciones. Y a partir de ahí sí que puedo afirmar que sus propuestas son cada vez más precisas, más detalladas y que cada vez hay más gente defendiéndolas en cualquier rincón del planeta. 

 
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