LO QUE HAY QUE TRAGAR
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Sin pueblos no podemos ser Pueblo
Sin pueblos no podemos ser Pueblo. Entrevista a GUSTAVO DUCH
- Lo esencial es reproducir la vida, no reproducir billetes en los bancos centrales.
- Devolver al campo la pieza esencial para mantenerlo vivo y hermoso, una especie que casi se ha extinguido: las y los pequeños campesinos.
- El fracking es un ataque frontal al sector agrícola catalán.
- Si la vida empieza en las células, construyamos células para que empiece la vida.
- Les llaman países productores, cuando deberían de ser llamados países saqueados.
- No esperemos nada a favor del campo y de un mundo rural vivo del Partido Popular.
ENTREVISTA PARA LA FIRA DE LA TERRA.
¿Se producen alimentos en Catalunya para alimentar a toda la población? ¿Es una cifra cada vez más baja? Las sociedades que se han dejado engañar por los espejitos de la industrialización, todas, han perdido su soberanía alimentaria, llegando a extremos que nos hacen vulnerables como pueblo. Y sin pueblos no podemos ser Pueblo. Catalunya dejó arrinconada a la pequeña payesía abriendo las puertas de par en par a la agroindustria –niña bonita de todos los gobiernos y gran receptora de ayudas públicas y políticas a su favor-, y con menos del 3% de población activa en el campo es del todo imposible garantizar alimentos suficientes, más si una parte significativa de esta escasa población no es más que una pieza en una cadena alimentaria que ‘fabrica’ materia prima para una industria que igual hace pizzas para vender en Sevilla, que recibe lechones de Alemania y los engorda para venderlos en Inglaterra o que empaca alfalfa para las granjas de los Emiratos Árabes.
Los cálculos objetivos nos dicen que el 60% de lo que se sirve en las mesas es importado aunque mi sensación es que nos quedamos cortos. Por ejemplo, ¿contabilizamos y sabemos que la alimentación de toda la ganadería industrial catalana (española también) se engorda con soja transgénica que llega de América Latina? Si el suministro de estos países sojeros se cortara por cualquier razón la situación de nuestras granjas sería ciertamente espeluznante.
La vulnerabilidad alimentaria está llevando a que algunos países como Japón o los Emiratos Árabes se apropien de tierras ajenas en África y América Latina, para asegurar la alimentación de su población. Pero hemos de entender esta vulnerabilidad como uno de los motivos –hay otros- que nos obligan a pensar en la urgente necesidad de devolver al campo la pieza esencial para mantenerlo vivo y hermoso. Una especie que casi se ha extinguido: las y los pequeños campesinos, que en fincas biodiversas, con la combinación de cultivos y crianzas, se dedican al cultivo de alimentos sanos para la población local, activando de abajo arriba una economía real.
Una visión estadista nos diría que en estos momentos cruciales se requieren medidas políticas valientes para (a) reconvertir nuestra pesada agricultura industrial en agricultura campesina a pequeña escala, (b) darle al sector primario el papel protagonista que le corresponde en cualquier economía sostenible y (c) facilitar un éxodo inverso: de las ciudades tan asfixiadas a los pueblos que décadas atrás quedaron casi muertos. De cada pueblo hemos de ser capaces de construir células vivas y completas, no solo territorios de ocio.Si la vida empieza en las células, construyamos células para que empiece la vida.
¿Qué futuro ves para el campesinado catalán? Excelente, como hemos comentado el papel del campesinado será clave en la reinvención de nuestra sociedad capitalista que, empeñada en un crecimiento perpetuo, se da de bruces contra los límites naturales del Planeta. Es imprescindible recuperar los ritmos que marca la naturaleza, gestionar los recursos con exquisitez y generosidad, relocalizar la economía y que ésta esté al servicio de nuestras necesidades, funcionar desde la convivencialidad y no la competitividad…y todo esto es parte de la cultura campesina, que sabe (y lo ha demostrado miles de años) que lo esencial es reproducir la vida, no reproducir billetes en los bancos centrales.
Así pues, el campesinado que quiera puede sembrar en su presente los futuros de transformación social que requerimos. Son esas mujeres y hombres que al margen de las cadenas alimentarias actuales hacen que su actividad económica (agricultura ecológica, a pequeña escala, trabajando con semillas locales, con razas autóctonas y buscando la relación cercana con las y los consumidores) se convierta en una economía social y solidaria, dos parámetros a reivindicar.
¿Crees que se avanza hacia una polarización entre países productores y países consumidores de alimentos? Para que el capitalismo consiga su crecimiento requiere ser regado con créditos permanentemente. Ganar más pasa por endeudarse. La polarización la entiendo como países que crecen derivando sus sobreendeudamientos a terceros países. Para conseguir más rendimientos esclavizan a mujeres, niños, otras razas… para conseguir pagar sus deudas hipotecan a las generaciones futuras… para disponer de recursos que pueda pagar sus deudas empeñan a la Naturaleza… y para hacer de la alimentación un negocio que permita esta espiral trágica buscan tierras más allá de las propias y les llaman –eufemismo- países productores, cuando deberían de ser llamados países saqueados.
Slow Food coordinó una manifestación en Bruselas para una PAC más justa; ¿cuáles son las principales reivindicaciones que pueden hacerse a la PAC? La Unión Europea en la construcción de su Política Agraria Común decidió apostar por una forma de agricultura, la industrial y sin mano de obra, lo cual significó acabar con millones de agricultores y agricultoras. Un genocidio que en su lenguaje llamaron ‘reconversión’. Es esa la razón por la que se dotó a la PAC de un sistema de subvenciones que no son otra cosa que indemnizaciones para suavizar tal operación.
Como resultado de la actual PAC en el medio rural europeo han desaparecido el 50% de especies vegetales, el 33% de los insectos y el 80% de las aves ligadas a los medios agrarios. Y según muchos cálculos, cada minuto desaparece un campesino o una campesina de nuestras tierras, la especie rural más emblemática en grave problema de extinción.
Y hoy necesitamos, como reivindica La Vía Campesina, unas políticas agrarias radicalmente diferentes, que tomen a las pequeñas y pequeños agricultores como los proveedores de la alimentación europea y motores esenciales de la dinamización de los territorios rurales. Pero como sabemos que esta Europa neoliberal al servicio de los bancos no va a hacer ningún paso, el camino ya lo están emprendiendo las gentes del campo con la puesta en práctica de la Soberanía Alimentaria. El mercado campesino que estos días tendremos en la Fira de la Terra es precisamente una visualización de esto: construcción por parte de la sociedad civil de espacios alternativos al comercio globalizado de alimentos de las grandes superficies.
Esperemos que iniciativas similares puedan convertirse en rutinas, y que cada barrio de Barcelona, que cada pueblo tenga una vez por semana su mercado campesino, con productos artesanales, locales y bien sabrosos.
¿Crees que la manifestación mencionada ha incentivado alguna voluntad política de corregir la situación? ¿Cómo ves las posturas políticas en el caso de Catalunya y España? El ministro Cañete es coherente en sus declaraciones y en sus políticas: aplaude la competitividad y la ley del más fuerte; apoya a la agroindustria y su modelo maltratador de campos y seres vivos; apoya los transgénicos y el suicidio que representan…No esperemos nada a favor del campo y un mundo rural vivo del Partido Popular.
En Catalunya hay dualidad en los mensajes y mientras se apoya fuertemente a la agroindustria también encontramos algunas acciones del Gobierno que, efectivamente, tienen el propósito de apoyar a las y los agricultores que ejercen como tales, por ejemplo, favoreciendo la venta directa. Pero quiero añadir que es complicada, sino imposible, la convivencia de estas dos agriculturas: hay que optar. De la misma manera, el apoyo a un modelo de agricultura campesina y soberana no corresponde solo a quienes hacen políticas agrarias, por ejemplo, ¿no es un ataque frontal al sector agrícola catalán la permisividad de la Generalitat a favor del fracking? ¿Queremos perforar nuestras tierras campesinas y contaminar nuestros acuíferos para buscar las últimas gotas de petróleo?
Empiezan a extenderse los huertos urbanos. ¿Son una solución? ¿Qué otras propondrías? Los huertos urbanos, la okupación de parcelas abandonadas, los huertos escolares o los huertos en las terrazas y balcones en muchas ciudades son, fundamentalmente, la muestra de la necesidad visceral del ser humano de estar en contacto con la tierra, y también de la recuperación o empoderamiento de ‘cultivarse’ sus propios alimentos. Son sin más, fantásticas iniciativas que buscan oxígeno entre el humo de las ciudades colapsadas.
Es obvio que no son las medidas requeridas para asegurar una alimentación suficiente para el Planeta, y si bien hay que multiplicarlas, la verdadera respuesta a la alimentación del planeta pasa por cultivar y multiplicar muchos -y muchos más- campesinos y campesinas. Hay que re-ruralizar el Planeta.
¿Qué cuestiones básicas habrían de tener en cuenta la ciudadanía a la hora de afrontar sus compras alimentarias? Tres ideas. Una, en cuanto al lugar, hemos de buscar espacios de buena convivencia y alta confianza, como el mercado del barrio, la cooperativa de consumo o la compra directa al payés, donde comprar la comida sea un acto agradable y no una cola enorme frente a un cajero deshumanizado de una gran superficie que paga a sus proveedores precios por debajo, muchas veces, del coste de producción.
En cuanto al menú, comprar productos de temporada, ecológicos, sanos, vivos, cercanos y justos; es decir, sin regusto a explotación infantil o sabor a petróleo. También es importante reducir el consumo de proteína animal barata (muy cara energéticamente hablando para el Planeta) y cuando compremos carne o huevos que sean producidos por buena gente local.
Y tercero, una sana austeridad, pues como cantaba Facundo Cabral hay que tener menos para tenerse más. Y también se aplica en la alimentación. Es un buen consejo para nuestras compras alimentarias que deben de ser fuente de felicidad no de obesidad.
¿Dónde puede obtener la ciudadanía un buen asesoramiento en cuestiones relacionadas con la Soberanía Alimentaria? Somos muchas y diversas las organizaciones que nos hemos encontrado bajo el paraguas de la Soberanía Alimentaria. Las hay del propio sector campesino que apuestan por un cambio en el modelo de agricultura, las hay que agrupan a consumidoras y consumidores que quieren recuperar el derecho a decidir qué quieren comer, están las organizaciones ecologistas que saben que la Soberanía Alimentaria es una propuesta válida para asegurar el mejor bienestar ambiental y por último también se pueden encontrar instrumentos de información o reflexión a modo de revistas o páginas web. En Catalunya disponemos de la revista OPCIONS, para un consumo crítico y de la Revista Soberanía Alimentaria para romper el monocultivo de la mente.




