LO QUE HAY QUE TRAGAR
Libros de Gustavo DuchMUCHA CANTIDAD, PERO HAMBRE
«La agricultura industrial es la causante del hambre mundial»
Gustavo Duch defiende la soberanía alimentaria para que los países del sur logren salir de la pobreza
- Elisa Álvarez. LA VOZ DE GALICIA. 10/11/2011
-¿Qué es la soberanía alimentaria?
-Lo que pretende la soberanía alimentaria es dar la vuelta al modelo intensivo de agricultura industrial, en el que se produce en masa y con el máximo de beneficio, ya que la agricultura industrial es la causante del hambre en el mundo. Es paradójico que países del cuerno de África y que están sufriendo hambrunas, sean exportadores de alimentos. Además, es un modelo que produce mucha cantidad pero no calidad, y tiene efectos perjudiciales en el planeta.
-¿Los ciudadanos se mueren de hambre mientras se exportan los alimentos?
-Dos de los ejemplos más claros son Etiopía y Somalia. El primero de los países tiene las mejores tierras fértiles en los márgenes del río Nilo y exporta hortalizas. Son unas tierras que además no están en manos de la población etíope. Otro ejemplo de cómo se ha esquilmado es el de Somalia, con una gran riqueza en el sector pesquero, sobre todo en atunes. Deberíamos preguntarnos quiénes son los piratas, porque los verdaderos piratas son la flota española y las demás.
-¿La soberanía alimentaria lograría el desarrollo de los países?
-Es la base para el cambio del sistema, y en el caso de los países del sur la base para salir de la pobreza. En estos países el 70% de los que pasan hambre son pequeños campesinos. E incluso es una salida de la crisis en el caso de los países del primer mundo, ya que generaría un trabajo sostenible y necesario.
-¿Hay ejemplos positivos?
-Mali y Malaui son dos ejemplos, y en Bolivia y Ecuador aparece ya la soberanía alimentaria, en este último incluso reflejada en la Constitución. Aunque no son un modelo perfecto, porque tienen contradicciones, están haciendo procesos de reformas agrarias pendientes.
HAY QUE RURALIZAR LA ECONOMÍA Y CAMPESINIZAR EL PLANETA.
Gustavo Duch propone en ‘Alimentos bajo sospecha’ un cambio en el modelo de producción alimentaria. Lorena Ferro.
ENTREVISTA EN LA VANGUARDIA, octubre 2011.
¿Debe y puede el mundo rural volver a ganar peso en la economía? Gustavo Duch (Barcelona, 1965) tiene claro que sí. Este veterinario dedicado a temas de cooperación y desarrollo desgrana en Alimentos bajo sospecha los riesgos que corre el planeta con el actual modelo de producción alimentaria en el que la “esquilmación” de los países pobres y los transgénicos juegan un papel importante. Duch propone que pueblos y ciudades produzcan los alimentos que necesiten, un cambio hacia una agricultura en la que cada país tome el control sobre su alimentación.
Leyendo su libro se le quitan a uno las ganas de comer…
Pues es un mal resultado porque para nada tiene esa intención. Lo que pretende es hacer un ejercicio en positivo para recuperar otra alimentación desde criterios de justicia.
¿Qué alimentos pondría usted en la lista negra y por qué?
Para mi la diferencia no es el alimento, sino quién y cómo se produce. Los alimentos producidos maltratando a la tierra y a los animales muy buenos no pueden ser. Es muy importante diferenciar si el alimento llega producido por manos humanas o por la industria agroalimentaria, que es un modelo globalizado capaz de elaborar cualquier cosa en cualquier sitio y trasladarla. Así los alimentos se producen explotando a la tierra, llenándola de pesticidas y trabajándola sin descanso… Y dejan de ser un bien nutritivo para pasar a ser una mercancía.
Sin embargo se dice que con una agricultura a pequeña escala muchos no comerían…
Comería todo el mundo, sobretodo los que ahora no lo pueden hacer. El 70% de la gente que no come son campesinos.
Esta agricultura ¿sería posible en ciudades como Barcelona o Madrid?
Estamos hablando de que los países prioricen que su propia agricultura alimente a su población. Y no podemos alimentar a Barcelona ni a Catalunya si lo que tenemos es una población campesina del 2,6 o del 2,7%. Claro que esto no se puede cambiar de hoy para mañana y se necesitan unas etapas de transición.
Entonces ¿qué hacemos?
Hay que ir reforzando progresivamente nuestro tejido agrícola para que vuelva a crecer y tengamos así una presencia de agricultores mayor para generar que territorios como Catalunya tengan una buena parte de su alimentación satisfecha.
¡¿Qué la gente vuelva al campo?!
Hay que ruralizar la economía y campesinizar el planeta. El sector primario es básico para remontar esta situación de crisis.
Parece complicada su propuesta…
Se me puede tachar de utópico pero esto tiene que ver con una cuestión de justicia. Si nos alimentamos teniendo un 3,3% de población campesina es porque nos están dando de comer. Y mientras los países del sur nos alimentan con sus monocultivos tenemos más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. Así que no es un capricho ni un modelo esnob, es un patrón que parte de la lucha contra la mayor de las injusticias: el hambre.
¿Cambiar este modelo es más una lucha política o económica?
Es un resultado de falta de políticas. De la misma manera que cuando analizamos los problemas financieros vemos como Goldman Sachs ha hecho lo que ha querido y se le ha consentido, en el campo de la agricultura tenemos otros como Monsanto a los que se les ha permitido cualquier movimiento. Hay que recuperar soberanía alimentaria y espacios políticos para poner control a estas barbaridades.
¿Y los ciudadanos qué podemos hacer a pequeña escala?
Participar en movimientos ciudadanos pidiendo que los políticos ejerzan su función de estar al servicio de lo importante. Esta es la primera cuestión y la fundamental.
¿Y la segunda?
En la medida de lo posible hacer un consumo responsable. Sin fustigarnos y disfrutando. Si te apuntas a una cooperativa te darán unos productos frescos de temporada, comerás tomates que saben a tomate, reducirás el consumo de carne…
Propone ‘soberanía alimentaria’ ¿qué es eso?
Recuperar soberanamente la capacidad de decidir qué sistema de alimentación tiene que funcionar en el mundo. Exigir el espacio ciudadano, sobretodo con el protagonismo de los propios agricultores, que son los más perjudicados, para que se diseñen modelos de agricultura diferentes al industrial. La soberanía alimentaria es una estrategia política que se sustenta en la seguridad que tenemos una alternativa: un modelo de agricultura a pequeña escala con gente en el campo. ¡Que los campos estén poblados de agricultores que sean los que alimenten a la gente y no las fábricas ni los especuladores!
En el libro dice que el 40% de los casos de cáncer vienen por cosas que comemos ¿No nos podemos fiar de la industria alimentaria?
La alimentación por sí debe de ser fuente de salud. Y tiene que ser equilibrada, nutritiva… Eso lo hemos perdido y por eso hemos pasado a tener una alimentación bajo sospecha.
¿Cuáles son los alimentos sospechosos?
Podríamos entrar en el debate de los problemas derivados de los trangénicos, del uso excesivo de pesticidas, del tratamiento que se da a los animales… Hemos generado una sospecha razonable porque cada X tiempo tenemos crisis alimenticias y nuestra alimentación ha pasado a tener un exceso de calorías, grasas… que genera problemas de sobrepeso. Y no tenemos información de todo verificable para aseverar con tranquilidad que los transgénicos no generen problemas. Todo lo contrario.
El bioquímico J.M. Mulet asegura que pasan más controles que nadie…
Por cada informe científico que habla a favor de los transgénicos hay tres o cuatro que sacan datos en contra. La aprobación del maíz trangénico que pasó Europa, el maíz que se cultiva en España, pasó por un estudio de salud de tres meses con ratas. ¡De tres meses! Para mi es insuficiente. Al final, cuando comemos trangénicos, lo que nos ha de preocupar es que está aumentando, y eso está consensuado por todos los estudios, el consumo de pesticidas. Si eso es saludable o no… para mi queda bastante claro.
Dice que nuestros abuelos comían mejor ¿La calidad de nuestros alimentos es peor?
Claro. Pero distingamos. Desde el punto de vista de controles sanitarios los alimentos ahora pasan más que antes porque no hay más remedio. Pero ¿por qué pasan tantos controles? Era un sistema sencillo y lo hemos convertido en algo peligroso. Y si es peligroso ¿¡por qué los tenemos!? La gran escala exige controles brutales precisamente por los impactos. ¿Hemos de arriesgarnos con este modelo que pone en riesgo en ocasiones la salud y que es el responsable de las catástrofes del hambre en el mundo y de los problemas climáticos?
Pero la fórmula que usted que propone es retroceder…
Es mirar para atrás para dar un paso adelante con inteligencia. No me importa que sea para atrás si lo que hemos de hacer es recuperar buenas prácticas y buenos valores…
¿Ve viable el cambio?
Desde luego la viabilidad no es porque el sistema no tenga capacidad, pero dependen de que haya una verdadera voluntad.
Y ¿la hay?
No. Pero es necesaria una voluntad política de cambiar un modelo que beneficia a cuatro empresas, que son los mismos que controlan a los políticos. Por suerte hoy aún el 70% de los alimentos se producen a pequeña escala y los producen un 50% de la población. Es decir, ese modelo global que estoy denunciando es el que más impactos genera pero no es aún el modelo mayoritario: hay más personas que siguen comiendo de la otra agricultura. Por tanto no es una reversión del 100%, una parte ya está hecha.
Dicen que el E.coli llegó de un campo ecológico ¿debemos poner a la agricultura ecológica bajo sospecha?
No se sabe seguro de dónde vino realmente el foco de E.coli y deberíamos exigir saber su procedencia. La agricultura agroecologica para mi no entra en sospecha. Pero la ecológica, en la que no se usan pesticidas pero que se produce intensivamente en grandes invernaderos, viaja muchos kilómetros y entra en este mismo modelo de comercio infinito, es el mismo modelo.
Una de sus críticas es el abuso y casi expolio de los recursos de los más pobres en beneficio de los más ricos… ¿El tema de la pesca es el caso más flagrante?
Es difícil hacer un podio de injusticias… Para mí todo son medallas de oro: los atuneros del Índico que cuentan con una flota militar protegiéndolos, por ejemplo. Es escandaloso que estemos encontrando en los supermercados sardinas en lata que se han pescado ilegalmente en el Sáhara Occidental. Otro caso es el de la soja. Hay millones de hectáreas dedicadas al cultivo de esta legumbre para alimentar a nuestra. Son terrenos que compiten con hectáreas que deberían estar alimentando a la gente y además son responsables de grandes deforestaciones.
¿Se especula hoy con la comida igual que con el suelo?
No sé si más o menos pero con la comida se especula muchísimo. Y la especulación es la responsable de la subida de precios de los alimentos que lleva a mucha gente a pasar de la línea de comer a no comer.
Dígame algo bueno del modelo agroalimentario actual
Es responsable de catástrofes ecológicas de todas las dimensiones, genera pobreza en el mundo rural del tercer mundo, especialmente…
…
Solo hay un elemento que es el gancho de la cadena, porque para mi no es positivo, que son los precios teóricamente baratos porque no contabilizamos todas las externalidades que estoy diciendo. Los sistemas políticos, es decir, nuestros dineros, subvencionan este modelo y de ahí los precios baratos. Y acabamos llegando a él porque nos lo están poniendo muy económico. Y en la situación actual la gente más pobre queda enredada.
¿Habría que subvencionar el modelo que usted defiende?
Completamente. Cuando hablo de medidas políticas hablo de eso. Que no se favorezca al supermercado y sí al pequeño comerciante. Si políticamente se hacen cambios no deberíamos encontrarnos con que los productos ecológicos son más caros. Y nuestro dinero ayudaría a un agricultor.
ENTREVISTA EN ARDATZA
Entrevista Gustavo Duch.
-“La insoportable insostenibilidad del Sistema Alimentario actual”. Ese fue el título de la ponencia en Vitoria. ¿Por qué es insostenible el sistema alimentario actual? (socialmente, sanitariamente, agroindustria… etc.)
La globalización colocó la agricultura, las tierras, el agua y a las y los productores chicos y grandes de alimentos en un único tubo de ensayo, agitándolos con fuerza para ver qué pasaba. El experimento resultó extraordinario: las y los pequeños campesinos no soportaron las fuertes presiones de las grandes corporaciones y progresivamente desaparecían, se diluían casi hasta invisibilizarse (pero estaban) precipitados en el fondo del tubo.
Las mejores tierras y aguas, las más fértiles y las más sanas, pasaron de cultivar alimentos para las personas a cultivar bienes económicos para la agroindustria. La mezcla iba adoptando un tono verdoso, como de color de capitalismo profundo. Las emisiones del tubo cada vez eran más apestosas, más contaminantes, con mucho CO2, pesticidas y cosas así. Y de la mezcla en cuestión brotó algo parecido a los alimentos: eran tan baratos como poco nutritivos. A medida que se calentaba la poción era cada vez más frecuente la aparición de pequeñas explosiones, que resultaron ser ‘crisis alimentarias’. Pero no importaba, el experimento fue un éxito brutal, muchas ganancias económicas para los dos o tres manipuladores de los laboratorios. Tan rentable ha resultado el experimento que el mismo modelo neoliberal capitalista ya está presente en todos los sectores de la sociedad y la economía.
-¿Cuál es el camino a seguir para que sea sostenible y soportable?
Personalmente tomaría una vía que ya tiene las primeras indicaciones para la nueva ruta: La Vía Campesina. Es decir, un camino que nos conduzca por los pueblos campesinos donde encontraremos alimentos de calidad y suficientes; donde las economías están al servicio de las necesidades humanas (y no al revés); donde la producción es respetuosa con el medio ambiente; donde la vida –y la convivencia- es más fácil, más cercana, más solidaria. Y caminaría muy poco a poco, como los caracoles.
-Se habla mucho de Soberanía Alimentaria. ¿De qué se trata?, ¿Cuáles son sus objetivos?
Se habla mucho, efectivamente, y por su importancia la Soberanía Alimentaria ha ido asumiendo diferentes dimensiones (defensa de un modelo político, diseño de un modelo productivo, etc.) pero en este momento creo que hay que recuperar su dimensión estratégica, es decir, entender la Soberanía Alimentaria como una de las recetas para acabar con el experimento globalizador, para romper el tubo de ensayo. El campesinado y las personas consumidoras necesitamos recuperar soberanía – capacidad de decisión- para colectivamente organizar nuestros sistemas agrarios, ganaderos y pesqueros. Y en este caso la existencia de La Vía Campesina, madre del concepto, y las propuestas de tejer alianzas con otros espacios de la sociedad civil me parecen claves.
-Muchos creen que es algo nuevo. ¿Pero, no se trata de recuperar un modelo?
No, como decía es un concepto novedoso que aparece hace 15-16 años, aún en su adolescencia (mucha energía, muchas ganas de aprender y caminos por andar); y con una visión más amplia que el modelo productivo. La Soberanía Alimentaria nos habla de romper con las políticas capitalistas neoliberales, de reforzar economías locales, de entender la alimentación como un derecho básico, de una gestión colectiva de los bienes naturales, y también sí, de un modelo productivo basado en la mímesis con la naturaleza: la agroecología que recupera y actualiza muchas de las buenas prácticas agrícolas y ganaderas que la agricultura industrial y química ha enterrado.
-¿Cómo se puede lograr, que se debe hacer para llegar a ella?
Pensemos en una pequeña finca de cualquier parte del mundo actualmente dedicada, por ejemplo, a la producción intensiva de leche para la industria. Y pensemos en su reconversión a una finca biodiversa, enraizada con los patrones culturales locales, con modelos de producción agroecológicos y suministrando alimentos a la población local. Es el primer paso de la Soberanía Alimentaria. Los siguientes, disponer de las condiciones políticas necesarias, para multiplicar esta experiencia hasta que, como he citado en otras ocasiones, «mucha gente pequeña, en muchos pequeños lugares, cultiven pequeños huertos… que alimentarán al mundo»
-¿Qué impide actualmente lograr la soberanía alimentaria?
¿Quiénes manejan las instrucciones del laboratorio? Exactamente, una plutocracia que ha decidido gobernar el mundo ‘capitalistamente’ sin el consentimiento de la sociedad civil. Pero también desde los espacios organizados de la sociedad civil: sindicatos, asociaciones de consumidores, asociaciones ecologistas, ONG, es necesario una posición y actuación clara y contundente al respecto.
-¿Qué papel juegan actualmente y hacía dónde deberían de ir las políticas agrarias?
El triste papel de actores ‘figurantes’. Las políticas han desaparecido permitiendo que los poderes económicos controlen a sus antojos cuestiones vitales como la agricultura. Es necesario recuperar el papel protagonista de la política. Necesitamos más que nunca una verdadera Política Agraria Común y todo tipo de políticas que regulen solidariamente este caos especulativo.
-Agroecología, soberanía alimentaria. Conceptos unidos a la tierra, tierra que escasea cada vez más. El acaparamiento hace desaparecer a muchos campesinos y campesinas. ¿Qué futuro le ve al primer sector?
El sector primario será, como debe ser, el motor de la recuperación económica; la salida a la crisis actual; la base de cualquier economía que quiera ser justa y estable. No hay otra fórmula por mucho que se quiera experimentar. Son las ‘leyes de la naturaleza’.
-En la conferencia hablaba de mitos. Uno de ellos cuenta que la agroecología no es capaz de alimentar a la sociedad. ¿Es eso cierto?
Claro que no, la agroecología o una agricultura campesina puede alimentar a la sociedad a la vez que permite satisfacer las necesidades campesinas y de cuidados que el jardín planetario requiere. No olvidemos que la obsesión por aumentar la productividad es el motor del hambre y destrucción del mundo. No olvidemos que producimos el doble de cereales que requiere el ser humano, que desperdiciamos un 30-40% de lo que se pesca, que desperdiciamos un 50% de lo que se cosecha…
-¿Sabe la gente lo que come?
Nos han atrofiado los sentidos, especialmente el del gusto por saber. Saber qué comemos, de dónde viene, que efectos comporta, etc. puede pasar por recuperar en todo su sentido el acto de sentarse en la mesa, a comer y masticar poco a poco, en compañía y con la televisión apagada.
Sabemos más de marcas de coches que del combustible energético que entra por nuestras bocas.
-¿Cuál es el papel del consumidor ante un posible cambio en el modo de alimentación?
Como consumidores o consumidoras me parece importante plantear varias cuestiones. También hemos perdido nuestra soberanía como tales, tenemos muy poco que elegir y mucho de lo que podemos elegir es poco saludable. Por otro lado se insiste en nuestro papel para un consumo responsable, y estoy de acuerdo, pero no debemos afrontarlo, como muchas veces parece, desde la culpabilidad, pues como he explicado somos también víctimas. Por último me parece que muchas veces en esa insistencia hay un interés oculto para desviar nuestro tiempo y acción que, insisto, debe de ser fundamentalmente en nuestra categoría de ciudadano o ciudadana político.
-¿Cómo se puede cambiar el “chip” a la sociedad?
Incluyendo la alimentación responsable como un ingrediente básico en la receta de cambiar el mundo, de las luchas sociales, de los valores solidarios.
La alimentación debe de ser entendida en su dimensión político social y no sólo por sus valores nutritivos o sus características organolépticas. Nos han desenchufado el interruptor político y ese –entiendo- es el chip a reactivar.
entrevista en EL HERALDO de Aragón
ENTREVISTA A GUSTAVO DUCH:
Ademas del posible agotamiento de recursos: agua, suelo, petróleo… ¿se sabe cómo puede afectar a la producción agrícola el cambio climático?
Aunque algunos territorios pueden verse favorecidos por un clima más suave en general las predicciones hablan de descensos totales en la producción, afectando precisamente a los países hoy más castigados por el hambre. Pero sin duda la agricultura campesina, a pequeña escala y agroecológica es la más resilente, la más capaz de adaptarse a nuevas situaciones. Siempre lo ha hecho y es la agricultura del futuro. Recuperar esas prácticas, mejorarlas, es lo más moderno, es lo más equitativo, es lo más sensato.
¿Y no necesitaríamos una agricultura que contribuyera a mitigar sus efectos?
Ya la tenemos, es precisamente la agricultura campesina que explicaba la agricultura que -como dicen los movimientos campesinos- enfría al Planeta. Fincas biodiversas, con producciones animales y vegetales integradas, sin residuos, sin insumos; la ganadería extensiva con el pastoreo; la pesca artesanal… son mitigadoras del calentamiento global, a la vez que aseguran sostenibilidad y futuro a 3 mil millones de personas rurales.
La Revolución Verde, esa aplicación de la tecnología y los métodos intensivos que se proclamó que acabaría con el hambre, en realidad ha aumentado las desigualdades alimentarías.
Revolución, porque fue un giro de rosca muy doloroso hecho por y para los intereses capitalistas. Una agricultura que sólo sobrevive en un crecimiento y gasto continuo, a medida que destruye el campesinado.
Verde, porque ha tenido la virtud de colmar los bolsillos empresariales con millones de dividendos.
Eso fue, y eso pretenden en una segundo ciclo, imponer en África.
¿Qué es la soberanía alimentaria?
Un proceso en marcha desde hace 15 años de empoderamiento campesino, para recuperar las riendas de su modo de vida. La Soberanía Alimentaria se juega en dos frentes: en una lucha política en favor de un nuevo modelo agrario; en una demostración y replicación que demuestre que otra manera de cultivar es posible.
Ustedes hablan de la crisis de los cereales en 2008 que provocó una enorme subid de precios. ¿Cuáles fueron los motivos, por qué se originó?
En aquellos momentos los fondos especulativos saltaron del mercado hipotecario reventado, a los futuros de cereales. El fantasma de los agrocombustibles fue la chispa para provocar -como a los especuladores les interesaba- un aumento del precio de los alimentos: es decir, un mágico y sorprendente incremento de beneficios por aportar, por jugar, con la comida.
¿Qué es el mercado de futuros y cómo influye en la subida de precios de los alimentos? Y eso que llaman la “apuesta por la escasez esperada”? ¿Qué se mueve detrás de la necesidad de comer que tenemos todas personas?
Imagínese que yo soy un broker de la comida. Compro la cosecha de trigo de Ucraina del 2017 (a futuro). Independientemente de que llueva, o caiga piedra, yo procuraré venderla a otra persona (antes del 2017) a un precio más caro; y así saltan los contratos de mano en mano. Sólo se trata de convencer al siguiente de la pirámide que podrá colocar esa cosecha más cara porque…¡faltará comida! Una mentira en la que se sustenta el negocio. Cada salto es un incremento que afecta a los precios de la cosecha actual.
También dice que tras la crisis financiera los grandes inversores han acudido a los mercados agrícolas, y que los fondos de pensiones de los trabajdores europeos están dedicándose al acaparamiento de tierras en Africa. ¿Me pueden explicar en qué consiste ese mecanismo?
Es la búsqueda del arca perdida, de la inversión inmortal. La tierra cultivable es un bien material finito y necesario para producir alimentos. Quien posea la tierra, nos gobernará a todas y todos.
Entrevista en revista BRANDO – Argentina
MESAS VACÍAS? Por Nicolás Artusi1. ¿Son juiciosos o tremendistas los pronósticos que dicen que para el año 2050 la humanidad podría quedarse sin comida para todos?Son pronósticos falsos pero interesados. A día de hoy la mitad de la cosecha de cereales la comen los chanchos en corrales intensivos, y los intensivos motores de nuestros carros. Ni los primeros ni los segundos están pasando hambre. Según algunas organizaciones el 40% de lo que se pesca se descarta, -vaya, nos confundimos de pez, al agua. Y de lo pescado un 50% se dedica ….para piensos. Por último, el 20% de las mejores tierras no cultivan comida sino soja, eucaliptos o palma africana. ¿Hambre o glotonería?2. ¿La “crisis de la comida” tiene alguna prioridad en la agenda de los países desarrollados?Se reunió el G8 para abordar la crisis alimentaria, y ellas y ellos, los más poderosos, los más influyentes, lo más mandamases….. dictaminaron constituir un OBSERVATORIO de los precios. Es decir, al mercado ni tocarlo, sólo observarlo con anteojos…Mientras los fondos especulativos y las empresas acaparadoras de grano (que estos si que saben intervenir) se forran.3. ¿Estamos cerca del fin de la era de la comida barata o accesible?Ojalá, hoy la comida barata (grasas y azúcares) alimenta muy poco pero hambrea mucho…Si los productores/as no reciben lo que merece sembrar, regar, podar, cuidar, recoger, etc…. ellas y ellos seguirán inflando las filas de la pobreza.4. ¿Qué nos espera mientras una legión de inconscientes sigue exigiendo carne de antílope o bife Kobe?No me gustan las legiones, y menos las inconscientes…porque como dijo Saramago la alternativa contra el neoliberalismo es la consciencia.
5. ¿Tenés alguna solución posible?
La consciencia es la ciencia de la reflexión, así que podríamos empezar por la formación de consciencias para que todos nos convirtamos en expertos ‘reflexiólogos’, y con una consciencia renovada y solidaria, poner en práctica políticas de justicia. La justicia en alimentación ya está diseña y se llama Soberanía Alimentaria.
diario información – entrevista
´El minifundio nos ha alimentado 10.000 años y garantizará el futuro´
Coordinador de “Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas”.El responsable de la revista divulgativa de este movimiento presentó la semana pasada en Alicante su libro “Lo que hay que tragar”, sobre los controvertidos procesos agroindustriales actuales y su repercusión social.
El concepto de “soberanía alimentaria” parece referirse, a simple vista, en la autosuficiencia de los productores agrícolas. ¿Es ésa la misión de este movimiento?
Con un foco muy cercano, efectivamente, la soberanía alimentaria consiste en fincas agrícolas con diversidad de cultivos integrando algo de ganadería, generado de esa forma alimentos para la familia, la población cercana y con los excedentes conseguir ingresos económicos. Pero si agrandamos el zoom, la misma propuesta, a nivel de pueblos, regiones y estados, es revolucionaria y radicalmente diferente a la agricultura global, que, en este marco de libre comercio, arruina y empobrece a millones de campesinas y campesinos… que conforman las tres cuartas partes de la pobreza en el mundo.
¿Qué ventajas, alimentarias y sociales, considera que tienen los productos generados a partir de la soberanía alimentaria?
Socialmente tienen sabor a justicia porque aseguran futuro a miles de personas. Asimismo, alimentariamente aseguran sociedades sanas, bien nutridas y sin desequilibrios, además de garantizar modelos apropiados para no aturdir más a este planeta malherido.
¿Cuáles son, a su juicio, los principales factores que impiden que, en la actualidad, la soberanía alimentaria no pueda ser una realidad para muchas personas?
Una escasez terrible, dramática e inexplicable de… acción política. Nuestros gobernantes se han especializado en hacer nada. Con esa carestía, con esas deficiencias, en un mercado global sin control, el capital y sus empresas, se permiten todo tipo de caprichos: invertir en alimentos mientras muchos seres humanos pasan hambre, dedicar las mejores tierras a cultivar comida para coches, pescar atunes protegidos por tropas militares, etcétera.
¿Cree que sería posible el desarrollo de un sistema agrario “soberano” en este momento en Europa?
Científicamente hablando, sí. Tenemos tierras suficientes para alimentar a toda la población, acceso al mar, buenos climas, y conocimientos (aunque cada vez menos) apropiados. Pero políticamente hablando, hemos externalizado el origen de nuestra alimentación: lentejas de Estados Unidos de primero, carne alimentada de soja sudafricana de segundo y, de postre, fruta del tiempo…. que haga en Sudáfrica o en Chile. Por último, humanamente hablando, no tenemos otra opción. O sí o sí. ¿O cómo nos alimentaremos cuando escasee el petróleo?
Su libro “Lo que hay que tragar” desmenuza un sinfín de procesos destinados a la producción agrícola, ganadera o piscícola intensiva, que no repercuten en las poblaciones locales. ¿Por qué cree que se ha llegado a esta situación?
La agricultura ha sido el primer ensayo -desde hace muchos años- del capitalismo: el ser humano se ha considerado amo y señor de los recursos naturales, sin pedir permiso al futuro. El capital ha ido fagocitando microempresas hasta convertirse en multinacionales del tamaño de un ogro. Los mercados se han desregulado… A partir de la ruina del campo en Europa, del aprovechamiento de las tierras recién descubiertas y de la esclavitud de algunos continentes, la revolución industrial hizo posible otros ecosistemas para que el capital pudiera reproducirse. La crisis del capitalismo actual nació cuando se cercaron los primeros huertos comunales.
¿Piensa que habría alguna forma de invertir esta tendencia o, al menos, algún paso para lograrlo?
Ésas son las propuestas de la Soberanía Alimentaria; con directrices claras para dar el primer, el segundo y los pasos adecuados en favor de reorganizar el sistema alimentario en base a derechos, no entendido como mercadería.
La creciente necesidad alimentaria de los países desarrollados choca aparentemente con el declive de las actividades agrarias en ellos; pongamos el ejemplo de España, donde las zonas rurales sufren un grave proceso de despoblación. ¿Cómo valora esta paradoja?
Efectivamente, es un despropósito. La Unión Europea decidió, allá por los 70, desmantelar sus políticas agrarias y renunciar al sector primario. En estos momentos somos como una pirámide invertida, pues nuestra población activa agraria es menos que poca. Si estudiáramos las leyes de la gravedad, veríamos que no podemos mantener ese equilibrio mucho más tiempo. Otras potencias industriales ya están comprando tierras fértiles fuera de sus fronteras. No confían en la deslocalización de la producción de alimentos y retoman vicios imperialistas. Pienso.
¿Piensa que podrían tomarse a corto plazo medidas que, desde las administraciones locales, autonómicas o estatales, favorecieran la supervivencia de los pequeños agricultores?
Le apunto una sencilla e inmediata: que pongan coto a la expansión y multiplicación de grandes superficies y, abracadabra, los y las pequeñas agricultores podrán vender a precios remunerativos sus cosechas.
¿Ve alguna cabida posible al minifundio agrario o ganadero en la sociedad actual?
El minifundio alimentó al mundo unos 10.000 años, uno más uno menos, y será también quien nos garantice el futuro. La sociedad actual debe recampesinizarse y eso pasa por destruir dos tipos de monocultivos: los agrarios y los del pensamiento único.
Prólogo de Federico Mayor Zaragoza.
La voz alta y firme de la paz, de la conciliación. Firme y tenaz, perseverante. No puede haber cosecha si no se tuvo el coraje de plantar semillas en nuevos surcos cavados en terrenos baldíos, si no se supieron vadear torrentes y lodazales.
Palabra en lugar de fuerza. Palabra como fuerza, como única fuerza, como palanca y pértiga para superar la inercia y sobrepasar los muros. Gustavo Duch ha observado, ha sentido, ha reflexionado. Y su mirada no se ha detenido en el presente. Ha sabido ver más allá, porque está comprometido con las generaciones venideras. Por eso avisa, alerta, clama. Por eso se implica y se desvive, como los testigos responsables. Cumplir con el deber propio de quien sabe requiere una gran audacia, un gran desprendimiento. Él los posee. Este libro lo acredita.
La obra es una recopilación de artículos valientes, lúcidos, que describen fidedignamente lo que ocurre. El autor propone soluciones capaces de eliminar los obstáculos que se oponen a la adopción de los nuevos rumbos que permitirían a las mujeres y hombres de hoy tomar, por fin, en sus manos las riendas de su destino. La realidad no puede transformarse si no se la conoce profundamente. ¿Cuántos cercados, cuántas vallas hemos construido, cuántos espejos hemos situado en todas partes para vernos tan solo a nosotros mismos?
En «Sobre el tiempo presente», José Ángel Valente nos advertía: «Escribo desde un naufragio /… Escribo sobre el tiempo presente. /… Escribo sobre la latitud del dolor, / sobre lo que hemos destruido / ante todo en nosotros…». Este libro insta a involucrarnos, a iniciar los cambios radicales que nuestro tiempo exige. En pocos años, los que suplieron los principios democráticos por las leyes del mercado han llevado al mundo a una gravísima situación. Habrá ahora que inventar otros derroteros, que imaginar —gracias a la capacidad creadora distintiva de la especie humana— senderos nuevos.
Habrá que refundar las Naciones Unidas como expresión de la «democracia global», el espacio donde todos los pueblos de la Tierra, como de forma tan clarividente se expresa en la Carta, sean los que decidan sobre su futuro común, y se eliminen, de una vez, los grupos de plutócratas (G-7, G-8, G-20) que tantos entuertos han originado en estos albores de siglo y de milenio. Unas Naciones Unidas dotadas de los recursos personales, técnicos y financieros necesarios.
Ha llegado el siglo de la gente. Gente «educada» que participa —puede hacerlo ya de forma no presencial gracias al progreso de la tecnología de la comunicación— y se compromete. Se involucra.
El siglo XXI podrá ser el siglo de «Nosotros, los pueblos…». De todos. El por-venir está por hacer. «¿Quién, sino todos?», dijo magistralmente Miguel Martí i Pol. Todos juntos podemos. Gustavo Duch lo demuestra en esta obra cuya lectura, estoy seguro, contribuirá a que muchos lectores vislumbren caminos del mañana.
Federico Mayor Zaragoza. Diciembre 2009




